La Taberna de las Historias: La Luz de los Kaldorei, parte I

Buenas chicos y chicas! Esta semana les traigo la historia de mi personaje favorito. Una persona que solo nombrar su nombre produce calidez en los corazones y alegría en los rostros.

Espero que disfruten la historia de la Suma Sacerdotisa de la Luna.

Esta historia se la dedico especialmente a mi amigo Buscapaz.

Tyrande Susurravientos, la Luz de los Kaldorei

Tyrande Susurravientos creció junto a los dos gemelos Malfurion e Illidan en la ciudad Kaldorei de Suramar. Los tres eran inseparables, jugando en los bosques, compitiendo, y aprendiendo a cazar. Tyrande superaba constantemente a los hermanos. Conforme iban creciendo y entrando juntos en la madurez, cada uno encontró su propio camino.

Tyrande encontró el suyo en el Templo de Elune de Suramar, donde ingresó en el noviciado de la orden de las Hermanas de Elune. Malfurion, mientras, fue aceptado como discípulo por el poderoso semidiós Cenarius, e Illidan por contra, prefirió buscar por sí mismo los caminos de destino, en las artes de la magia arcana. Illidan estaba profundamente enamorado de Tyrande, pero su hermano nunca se percató de esa rivalidad de Illidan por el corazón de Tyrande.

Guerra de los Ancestros

Cuando la Guerra de los Ancestros comenzó, Tyrande ayudó a convencer a Illidan para abandonar a los Altonatos, que se habían corrompido debido al uso excesivo de la magia que les proporcionaba el Pozo de la Eternidad. Tyrande le enseñó a controlar su insaciable adicción a la magia mientras organizaban la inminente ofensiva. Cenarius consiguió como aliados a los dragones rojos de Alexstrasza para luchar a su lado, con los que declararon la guerra a la Legión Ardiente, la Reina Azshara y su corte de siervos nobles. No fue hasta la batalla contra la Legión, cuando se observó la innata capacidad que poseía Tyrande para canalizar el poder de Elune lo que la convirtió en la más capacitada de su orden. Tyrande fue durante largo tiempo el centro del triángulo amoroso entre Malfurion y su hermano Illidan, aunque finalmente fue a Malfurion a quien ella correspondió. Puede decirse que rechazar a Illidan fue lo que hizo que este traicionara a los demás elfos nocturnos y recreara el Pozo de la Eternidad, aunque su adicción a la magia contribuyó, sin duda.

Cerca del final de la guerra, Tyrande supo de la muerte de la principal sacerdotisa de su orden, Dejahna, a manos de la Legión Ardiente, y cómo en sus últimos momentos nombró como su sucesora a una favorecida por Elune y tocada por el mismo poder de la Diosa: ella. De esta manera, Tyrande fue obligada a aceptar su rol como Suma Sacerdotisa, hecho que le provocaba un gran escepticismo ya que tenía sus reservas en cuanto a ser capaz de guiar a los kaldorei.

El Diluvio

A medida que Tyrande sentía crecer la energía del portal de Azshara, supo que debían detener el flujo constante de demonios que llegaban como refuerzos. Malfurion propuso la idea de destruir el Pozo de la Eternidad, que era sin ninguna duda el lugar exacto donde se localizaba el Portal. Al principio, Cenarius y Alexstrasza se mostraron cautelosos, sabiendo que el Pozo de la Eternidad era a la vez la fuente de sus poderes por lo que destruirlo significaba perder la inmortalidad y la primera fuente de magia que abastecía a su civilización. Tyrande, sin embargo, aunque amaba el poder y la inmortalidad que el Pozo le proporcionaba, comprendió que debían destruirlo si querían salvar el mundo de la Legión Ardiente. Gracias a sus dotes de persuasión, convenció a ambos para seguir adelante. Sin embargo Illidan, que había pertenecido a los Altonatos  y sufría de adicción a la magia del Pozo de la Eternidad, no la quiso escuchar, y a pesar de las súplicas de Tyrande, abandonó a su hermano para avisar a Azshara. Tyrande y Malfurion planearon una rápida ofensiva contra ellos antes que consiguieran organizarse, pero llegaron tarde. Azshara, advertida por Illidan, tenía todo listo, y la magia que lanzó contra sus ejércitos los devastó.

Mientras Malfurion luchaba en la entrada, Tyrande se infiltró en el Palacio de Azshara junto a un pequeño grupo de Centinelas y lanzó un ataque desde la retaguardia, pero fueron repelidas por los guardaespaldas de la Reina. Aunque las centinelas los destruyeron, la mayoría murió, y Tyrande sufrió heridas críticas. Viendo a su amada cayendo en batalla, Malfurion se encolerizó, y atacó a Azshara. Su batalla provocó que el conjuro de los Quel’Dorei se volviera un caos, y el Portal que había tras el Pozo de la Eternidad se colapsara con tal fuerza que destruyó el propio Pozo. Tras esto el mundo se desgarró, la tierra sufrió una gran devastación que la dividió en varios fragmentos mientras las inundaciones devoraban las tierras del norte de Kalimdor.

Tyrande, logró sobrevivir a El Diluvio, o también llamado el Gran Cataclismo, y ayudó a guiar a los supervivientes a un nuevo hogar, cruzando las aguas hacía los dominios de Cenarius en el Monte Hyjal. Cenarius y Malfurion, que también habían sobrevivido, se unieron a la expedición y emprendieron el largo viaje a casa juntos pensando que todo había terminado. Sin embargo para su desgracia, un lago en la cima del Monte Hyjal se había corrompido por las energías mágicas del Pozo de la Eternidad, el que esperaban que se hubiera destruido por siempre. El causante fue Illidan, que había tomado varios viales de las aguas del Pozo antes que fuera destruido y los había arrojado al lago, creando un nuevo Pozo de la Eternidad. Malfurion, sabiendo que la adicción a la magia de Illidan sería siempre una amenaza para la seguridad del mundo, encerró a su hermano en las cavernas bajo Hyjal, conocidas como los Túmulos profundos. Sin embargo, con el cataclismo fresco en sus mentes, Tyrande y los Kaldorei no se atrevieron a destruir el nuevo Pozo.

La Vigilia de las Centinelas

Tyrande, lentamente, fue reconstruyendo la sociedad Kaldorei. Después de la creación del Árbol del Mundo, y el exilio de los Quel’Dorei, Malfurion sabía que tendría que dejar a Tyrande para volver al Sueño Esmeralda. Tyrande, que no quería quedarse sola, le suplicó que se quedara, pero él insistió, y comenzó el proceso de hibernación en los túmulos del Claro de Luna, junto al resto de los druidas. Tyrande y las restantes mujeres Kaldorei formaron el ejército de los Centinelas, y mantuvieron la paz en Vallefresno con la ayuda de los hijos e hijas de Cenarius, los Guardianes del Bosque y las dríades, y la mayoría de las criaturas que conocían y amaban a la Diosa de la Luna. Sin embargo, a pesar de su devoción a Elune, la ausencia de Malfurion, hizo sentirse a Tyrande perdida y sola. Los siglos pasaron, cuando de pronto, una nueva amenaza llegó a sus costas.

La Invasión de Vallefresno

Las Centinelas Hojasombría, guiadas por Shandris Plumaluna, regresaron al Monte Hyjal para informar con pesar, que Cenarius había sido asesinado por unos invasores de piel verde que habían llegado a través del mar. Las criaturas habían comenzado a talar los árboles del bosques, y corrompiendo a los animales salvajes. Tyrande reunió a las Centinelas otra vez, mientras sentía cómo iba creciendo un poderoso mal. Shandris, en concilio, sugirió que tal vez proviniera de los orcos, pero aún así, Tyrande decidió estar alerta porque sentía que había algún oscuro poder ocultándose en las sombras, por lo que decidieron descender de la montaña y comprobar el terreno. Durante su corto viaje, Tyrande encontró a un grupo de furbolgs que trataban de abandonar Vallefresno, antes de que fuera corrompido, a los que ayudó a reunir a su gente.

Después de asesinar al Duque Corazón de León, una gran e inesperada invasión de muertos vivientes atacaron la base, y tanto orcos como humanos fueron rápidamente superados. Tyrande se apresuró a retirar a sus soldados, sabiendo que su pequeño destacamento no podía luchar contra semejante número de efectivos enemigos. Huyeron durante horas, perseguidas sin descanso por los muertos vivientes. Finalmente los alcanzaron, y fue entonces cuando se reveló la identidad de su diabólico líder, ni más ni menos que Archimonde.

Las consecuencias fueron terribles, Archimonde asesinó a casi toda la compañía, y hubiera hecho lo mismo con Tyrande si ella no hubiera usado rápidamente los poderes de Elune para esconderse en las sombras. Furioso, Archimonde ordenó a sus Guardias del Apocalipsis encontrarla y darle muerte. Con la esperanza de poder avisar a Shandris antes de que su regimiento fuera atacado, Tyrande usó sus poderes para atravesar los bosques sin ser vista. Por el camino encontró a los supervivientes de su grupo y, tras reunirlos, atacaron la base de no-muertos que bloqueaba el camino hacia el campamento de los centinelas de Shandris, al otro lado del río.

El Regreso de los Druidas

Tras los últimos acontecimientos, Tyrande supo que era la hora de despertar a los druidas. Dejó a Shandris a cargo de defender los bosques de Vallefresno, mientras ella se apresuró a llegar los túmulos donde se encontraban los druidas en Claro de Luna. Por el camino, las dríades le dijeron que Tichondrius y La Plaga estaban avanzando hacia el túmulo de Malfurion y que el camino hacia el Cuerno de Cenarius estaba bloqueado por un asentamiento orco. En una carrera contra el tiempo, Tyrande atacó y atravesó el campamento orco, y tras vencer a los guardianes elementales de Claro de Luna, recuperó el cuerno con el que despertó a Malfurion, su amor.

Una vez con los pies en el suelo, Malfurion dedujo que los planes de Archimonde eran asaltar Nordrassil, el Árbol del Mundo, y robar sus energías. Juntos se dirigieron a Cuna del Invierno para despertar a los Druidas de la Garfa, sin embargo, cuando llegaron, Tyrande encontró a la tribu Fulborg, que había ayudado anteriormente a escapar de Vallefresno, corrompida. Al parecer no pudieron escapar finalmente de la corrupción que se instaló en Frondavil, y Tyrande, sin otra alternativa, terminó con su sufrimiento de una vez por todas. Malfurion notó que Tyrande había cambiado con respecto a cómo la recordaba, y ella respondió secamente que ‘no había tenido el lujo de dormir mientras el peligro los acechaba’. Al parecer, a pesar de lo mucho que lo amaba, prefería que hubieran pasado todo este tiempo juntos en lugar de verlo cumpliendo sus tareas en el Sueño Esmeralda.

Los Túmulos y el Traidor

Después de que los Druidas de la Garra fueran despertados, se dirigieron a la base del Monte Hyjal, donde entraron a los Túmulos para reunirse con los Druidas de la Zarpa. Al poco se toparon con una puerta elfica, y Malfurion la reconoció rápidamente como la puerta de la prisión de su hermano, Illidan. Tyrande pensó que quizás deberían liberarlo, aduciendo que sería un aliado poderoso para enfrentarse al enemigo. Malfurion le prohibió hacerlo, a lo que Tyrande respondió con furia, alegando que él no podía prohibirle nada. Dicho y hecho, reunió a las Centinelas y entró a la prisión, mientras el druida continuaba su camino para despertar a sus hermanos. Tras luchar contra Califax y sus acólitos, de desafiar a los Vigilantes de Maiev, la carcelera de Illidan, Tyrande lo encontró, y le pidió que volviera para ayudar a su gente. Illidan, aún enamorado de Tyrande, dijo que lucharía contra los demonios, pero no por los elfos nocturnos. Cuando se reunieron con Malfurion, este se enfureció con Tyrande por su insolencia, y le dijo que él no quería tener nada que ver con lo que hiciera su hermano.

 Illidan se marchó a Frondavil a luchar contra los demonios dejando a Tyrande con Malfurion. Cuando encontró a Tichondrius y lo atacó, tanto Tyrande como Malfurion sintieron desde la distancia la fiereza de la batalla. Con premura, reunieron un pequeño ejército para que sirviera de apoyo en la lucha pero cuando llegaron, se encontraron con que el Azote y Tichondrius habían sido destruidos, y a un Illidan victorioso, convertido él mismo un demonio. Tyrande estaba aterrada, y no puso objeción a Malfurion cuando este decidió desterrar a su hermano de los bosques para siempre.

La Batalla del Monte Hyjal

Rápidamente, Malfurion llevó a Tyrande a una colina en Vallefresno, donde se reunieron con los líderes de los ejércitos no nativos que ocupaban en ese momento Kalimdor, Thrall y Jaina Valiente. Tyrande, furiosa por lo que habían provocado, reaccionó violentamente con la intención de expulsarlos, argumentando que allí no tenían sitio, cuando de repente, apareció la figura de un cuervo a la que se conocía como el Profeta, revelándose como Medivh, el último Guardián de Tirisfal, que era quien había convocado realmente la reunión apareciéndose en sueños a Malfurion, Thrall y Jaina. Medivh les dijo que su enemigo no era ninguno de los que estaban presentes, y sólo vencerían si unían fuerzas. Tyrande, con la muerte de Cenarius a manos de los orcos aún en su mente, estaba indecisa, pero inmediatamente se dio cuenta que no tenía otra opción. Así que, juntos empezaron a planear la defensa de Hyjal para evitar que los demonios llegaran a Nordrassil. Tyrande, Malfurion y Shandris ayudaron a defender la base de Lady Jaina que se encontraba en la primera línea del ataque de la Legión, hasta que fue finalmente reducida y tomada. Tras eso se dirigieron a apoyar a la de Thrall que se encontraba en una posición un poco más elevada. A pesar de la defensa numantina que habían levantado, Archimonde atravesó las barricadas y destruyó el asentamiento Kaldorei que se encontraba en la altiplanicie como último bastión de la defensa. A pesar de lo que podía pensarse en un primer momento, todo iba según lo planeado.

 Al verse tan cerca de la victoria, Archimonde se dirigió al Árbol del Mundo, sin percatarse en los Guardianes Ancestrales que había concentrados a los pies de Nordrassil. Cuando el general de la Legión Ardiente estuvo lo suficientemente cerca del árbol, Malfurion hizo sonar el Cuerno de Cenarius, y los Guardianes Ancestrales se lanzaron en masa hacia Archimonde, explosionando en una detonación masiva que desintegró al gigante Eredar al instante, incendiando a Nordrassil y toda la región adyacente.

 Tras el final de la titánica batalla, los aliados tomaron distintos caminos. La gente de Jaina se asentó en la isla de Theramore, los Tauren de Cairne Pezuña de Sangre se asentaron en la Cima del Trueno en Mulgore. Thrall por su parte fundó la nación de Durotar, y Tyrande y Malfurion llevaron a su gente de nuevo a Vallefresno para comenzar a reparar el daño causado en los bosques por la Legión Ardiente.


20 respuestas a “La Taberna de las Historias: La Luz de los Kaldorei, parte I

  1. juanin no es que me de flojera leer ni nada por el estilo pero me gustaría oír los cuentos narrados ya sea desde el punto de vista del personaje o con un narrador general

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    1. Te entiendo, pero por motivos de tiempo no puedo hacer más de lo que ya hago en el sitio (al menos por ahora). Espero retomar los podcasts en el futuro pero por mientras, Toby hace una espectacular labor trayéndonos estas historias 🙂

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  2. Excelentes tus artículos toby, desde que empece a jugar WoW lo que mas me llamo la atención fue la historia (lore) y veo que a muchos igual, he leído la gran mayoría de libros y misiones dentro del juego. En un articulo tuyo del origen de los elfos (los trols cambiaron / evolucionaron en elfos) tuve una duda. ¿ En donde leíste eso ya que no he visto referencia alguna (quest, libros) ?
    (según me dijeron que la historia de eso venia en la revista de WoW n.5, que ya no se publica y fue su ultimo numero, pero lo tome como un rumor)

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    1. Esa revista que comentas, no la puedo encontrar (ni si quiera en pdf, puesto dices que ya no se publica). Que lastima, ya que me quede con las ganas de leer esa historia de los elfos.

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  3. Ojala que Tyrande Susurravientos tenga una gran aparición en la subsiguiente expansión de WoW, porque si no Buscapaz se volverá troll y rey de los hilos(post) QQs , al ver que su amada Sacerdotiza no tiene relevancia(humor trol)

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  4. Hola Olimpus,
    Es una muy buena publicación sobre la Sacerdotisa.
    Como te dije tu trabajo ayuda a mis amigos que recién iniciaron en e,
    ha conocer la interesante y profunda Historia de Warcraft.
    Por eso siempre agradeceré cada semana tu trabajo,como Heraldo del Lore,ya que a mi parecer ahí se encuentra la verdadera esencia del juego.
    Saludos,

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