El Athenaeum: La Mano derecha del Rey Exánime

Buenas chicos y chicas! Han pasado dos semanas… Dos semanas en las que no he podido escribir debido a mucho estrés! Mi cabeza no la podía centrar… Pero he vuelto! Espero que ustedes hayan tenido unas mejores dos semanas que las mías 🙂

Pasando a los que les debe interesar… Hoy les traigo la historia de un personaje icónico… ¿Puede un solo hombre devastar un imperio? ¿Puede la ambición por el poder cambiar el destino de los pueblos y darle un sentido nuevo a la historia? Si se puede… Ya que es lo que el hizo. Manipulador… frío… y calculador… Esa es la descripción de Kel’Thuzad, el líder del Culto de los Malditos y el Señor de Naxxramas.

Kel’Thuzad: La Mano derecha del Rey Exánime

Kel’thuzad fue el fundador del Culto de los Malditos y uno de los principales agentes del Rey Exánime, responsable de extender la Plaga que asoló Lordaeron

Originalmente era un mago humano perteneciente a la orden del Kirin Tor de Dalaran que cayó bajo la influencia del Rey Exánime. Tras pasar un tiempo extendiendo el veneno de la plaga por el reino de Lordaeron, fue derrotado por el Príncipe Arthas, miembro de la Mano de Plata y resucitado posteriormente como Lich por el propio Arthas como Caballero de la Muerte al servicio de La Plaga. En su forma actual, fue el responsable de invocar a Archimonde, comandante de la Legión Ardiente en Azeroth. Tras la marcha de Arthas a Rasganorte para ocuparse de los asuntos que se narran en The Frozen Throne, quedó como responsable de La Plaga en Lordaeron desde Naxxramas, su necrópolis voladora, donde fue derrotado. Tras la traición de Iñigo Montoya al Alba Argenta pudo volver a su forma corpórea, y a su tarea de Maestro de Naxxramas que fue trasladada a Rasganorte.

kel_thuzad_by_tamplierpainter-d5kmrstMiembro del Kirin Tor

En un período corto antes de la Segunda Guerra, Kel’Thuzad fue miembro del Consejo de los Seis, el gran concilio de Kirin Tor -los maestros de Dalaran. De entre todos los líderes de Kirin Tor, Kel’Thuzad era quien estaba más ansioso por conseguir acceso a la Biblioteca del Guardián – el depósito del conocimiento acumulado por Medivh en su torre de Karazhan – y por eso fue el más afectado cuando el contenido de la biblioteca se perdió. Tras la muerte de Medivh, Kel’Thuzad y los otros miembros del Kirn Tor culparon a Khadgar, el aprendiz de Medivh, de lo sucedido. Kel’Thuzad pareció particularmente interesado en descubrir más sobre el misterioso Concilio de Tirisfal, tal y como le indicó a Antonidas.

En Busca de Poder

Pasaron los años. Las Guerras entre la Horda y la Alianza se extienden a lo largo y ancho del reino de Azeroth, Khaz Modan y Lordaeron. Obviamente, Kel’thuzad lucho al lado de los suyos, defendiendo su hogar, la mística Dalaran, de las sangrientas pretensiones de los invasores.

Los Orcos, sin embargo, lo dejaron fascinado. No por su robustez. No por su ferocidad despiadada en la batalla. Eran los poderes mágicos, los poderes místicos que los brujos orcos desataban en el campo de lucha, lo que cautivaría el interés de la siempre activa mente de Kel’thuzad.

Y un hecho trascendental terminará de inclinar la balanza de su mente brillante, cuando los campos de Lordaeron se plagaron de oscuros caballeros de ultratumba. Cientos de soldados se levantaron de sus tumbas y atacaron a la sola orden de un Caballero de la Muerte. Era increíble… Kel’thuzad está fascinado con los poderes de estos seres.

Tenia en su mente la idea del poder de controlar las acciones de otros seres, de poder ordenarles y verlos moverse al unísono como un ejército mudo y frío, que no cuestiona órdenes. Un ejército de muertos vivientes. Aquel que tenga el poder sobre la vida y sobre la muerte gobernará el universo. Es demasiado tentador y Kel’thuzad lo sabe, pues siempre ha soñado, ante todo, con el conocimiento. Y el conocimiento es poder.

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Por fin una oportunidad. Al final de la Segunda Guerra, la Horda es derrotada y colocada en campos de internamiento. Kel’thuzad, un archimago de renombre de 40 años de edad, cuenta con uno de los puestos principales del Kirin Tor, el Cónclave de magos que gobierna Dalaran. Casi suplicará a Antonidas el permiso para encargarse de los orcos prisioneros y así averiguar los secretos de sus poderes nigrománticos.

No logrará su cometido. Mientras más se esfuerza por encontrar a un brujo entre los prisioneros remanentes, más decepcionado queda. No hay tortura que valga. Incluso, se llevará a algunos a sus laboratorios subterráneos en Dalaran, como parte de sus experimentos, pero ninguno de los cautivos sabrá revelarle lo que tanto desea. Y lo que es peor. Cada vez más, los orcos se van retrayendo, aletargándose, convirtiéndose en una raza pusilánime muy lejana de la barbárica y destructiva Horda que había conocido durante las Guerras. Está frustrado.

Abandona los campos de internamiento. La decepción es demasiado grande para volver a Dalaran, así que decide asentarse en sus propiedades en las regiones norteñas de Lordaeron, específicamente en Andorhal, la gran ciudad conocida como “El Granero de Lordaeron”, por lo productiva que es su tierra.

Siempre le ha atraído aquella zona. En cierto modo, las desérticas y secas tierras del sur nunca le han agradado. Allí, entre las frondosas sombras de las copas de los árboles de Claros de Tirisfal, el hechicero podrá dedicarse por entero a su única obsesión.

Tiene que lograrlo. Tiene que entender. Tiene que poder. Obviamente, no encontrará voluntarios para su experimento, así que decidirá experimentar con lo más sencillo. Ratas, gatos y perros. Alimañas del bosque. Cualquier criatura es buena mientras no se le vaya a extrañar.

kelthuzadhabrá fracasos. Cientos de fracasos. Kel’thuzad empezará a invertir su fortuna es lograr conseguir su objetivo: crear un zombi “saludable”. Lo intentará una y otra vez. Los inmensos graneros en su propiedad se transformarán en laboratorios clandestinos. Tiene que tener mucho cuidado. Hace mucho que se ha ido de Dalaran y solo es cuestión de tiempo antes de que empiecen a sospechar.

Para guardar las apariencias, asistirá a uno o dos concilios de la Magocracia. La necesidad de trabajar en su proyecto, sin embargo, es demasiado grande. Una ausencia se perdona, pero las reiteradas faltas no se pasarán por alto. Antonidas está sobre su pista.

Los años pasan y Kel’thuzad parece acercarse a su objetivo. De vez en cuando, alguna rata revivirá de su putrefacción, pero la confusión de la no-muerte acabará por producir un fiasco.

Una noche, desesperado, empezará a clamar en medio de la oscuridad la ayuda de algún ente vagabundo del inframundo que le asista. Llamará al demonio y le ofrecerá el alma a cambio del éxito. Kel’thuzad nunca pensó que el demonio en persona le respondería…

Camino a la Perdición

Una voz estremecedora y estridente empezará a hablarle en su cabeza. ¿Se está volviendo loco? Kel’thuzad no la aceptará al principio. Raciocinio ante todo… Control… tranquilidad… Todo está en tu cabeza, amigo. ¿O no? La voz le mostrará su gran error…

En medio de terribles convulsiones, Kel’thuzad aprenderá que nada es un sueño, que no está loco. El ser vive y está dispuesto a ayudarle. Le llena de halagos y zalamerías. Sabe que es vanidoso y orgulloso al mismo tiempo. En medio de su confusión, le muestra lo que es capaz de hacer. El poder, el poder que tanto ha buscado Kel’thuzad hasta la desesperación, ahora se aparece prístino y tan claro, al alcance de la mano. Y el Oscuro Señor de los Muertos, que así dice llamarse la entidad, lo único que quiere es obediencia.

the_lich_king-1680x1050Kel’thuzad duda. No es tan estúpido como para dejarse confiar de un ser extraño. Sin embargo, es tarde. El ser se ha apoderado de su vida. No puede ignorarle. Le habla incluso hasta en los sueños y le muestra su poder, un poder irrefutable y devastador.

Le anuncia el azote de la raza humana, a la cual le ha llegado el tiempo de pagar. Y él, Kel’thuzad, el Elegido, será la mano que agite el látigo que azotará la tierra y la conmoverá hasta sus cimientos. El Oscuro Señor de los Muertos lo transporta en sueños y visiones hacia el futuro, un futuro tumultuoso, donde las razas de la tierra han sido barridas, donde la Muerte en persona camina entre los vivos. El reino de Lordaeron y el Alto Hogar de lo Elfos, Quel’thalas, raídos de la faz de Azeroth por la mano del propio heredero de la Casa Menethil.

Mira a Dalaran, la preciosa ciudad, en ruinas, devastada por una fuerza incomprensible que no conoce resistencia. Y un vasto e invencible ejército de demonios consume los mundos sin piedad, buscando erradicar la vida del Universo. Horrorizado, mira su propia muerte a manos del hijo de Terenas. Y de las aguas corrompidas del Pozo del Sol, una abominable criatura esquelética se eleva envuelta en llamas. Y el terror le invade… cuando se da cuenta de que son sus propios ojos

Pero no es el momento de tener miedo. Una vez más, el deseo de conocimiento es más fuerte. Con la ayuda del Rey Lich, Kel’thuzad empieza a avanzar rápidamente en su progreso para hallar la manera de crear un muerto viviente. Casi lo logra, cuando es llamado de urgencia a Dalaran.

Maldiciendo su mala suerte, el archimago vuelve a la ciudad de Dalaran. Para su desgracia, su regreso será su inquisición. Drenden y Modera, los dos agentes que Antonidas ha designado para seguirle, han informado al Kirin Tor acerca de las actividades secretas de Kel’thuzad en el norte.

Mientras es sometido a interrogatorio, la macabra voz del Rey Lich, resonando en su cabeza, le da confianza y le recuerda lo que ya le había dicho: que todas estas cosas pasarían.

the-lich-king-world-of-warcraft-963311Kel’thuzad es acusado de traición y de herejía por utilizar la magia oscura aún contra el mandato del Kirin Tor. Pero Kel’thuzad, además de mago, es un perfecto orador y un consumado mentiroso. No podrán cogerle ni probarle nada. En eso, Antonidas se ha materializado en el salón. Trae consigo una caja que ha extraído de los graneros ocultos de Kel’thuzad en Andorhal. Dentro de ella, las pruebas acusadoras más fuertes: varias ratas vivificadas mediante el corrupto acto de la nigromancia. Aunque imperfectas, son suficiente prueba para condenarle. Su pecado: ha puesto en peligro a toda la clase de los magos con sus actividades, pues es de todos conocido de que los magos nunca han sido totalmente apreciados por la Iglesia de la Luz. Kel’thuzad, sin embargo, tiene razón en algo. Si han logrado sobrevivir tantos siglos, es porque los magos son definitivamente necesarios.

Su rango de archimago del Kirin Tor le es degradado, sus propiedades expropiadas y su nombre borrado de los anaqueles de los grandes magos.

Expulsado de la ciudad, no le queda más que una opción. Debe iniciar un viaje, el viaje que tanto ha pospuesto y que ahora se hace más que necesario. Ya no le queda nada que lo ate a la tierra que lo vio nacer. Y probablemente, en el frío norte que el Rey Lich le muestra en su mente, halle su venganza.

Allá, en las remotas y gélidas tierras de Rasganorte, Kel’thuzad, el Peregrino, ha logrado lo que ningún hombre ha hecho antes. Ha llegado al Glaciar de Corona de Hielo y ha sobrevivido. La voz que resuena en su cabeza ha permanecido callada desde aquel momento. Y una sombra se cierne sobre el destino del aventurero mago. Ya no tiene provisiones. No sabe absolutamente donde se encuentra.

Y es en ese momento es en que se da cuenta del Obelisco. Un gigantesco monolito de piedra con runas apocalípticas grabada en sus cuatro caras. Y dos monumentales guardianes, cuyas formas recuerdan arañas, le abren silenciosamente el paso hacia el interior de una fortaleza.

Corona de hielo

Maravillado por desentrañar los oscuros secretos de la Necrópolis de Naxxramas, Kel’thuzad penetra en el recinto, donde es recibido por un monstruoso ser: Anub’arak, Señor de la Cripta de Azjol-Nerub.

El Señor de los Nerubian le muestra los distintos salones de la impresionante y horrífica fortaleza. Ansioso por mostrarse ante el Oscuro Señor de los Muertos y entrar a su servicio, Kel’thuzad presiona a Anub’arak para entrevistarse con el Rey Lich. Las duras palabras del Nerubian le revelan que no todas las cartas están a su favor, antes bien, podría ser perfectamente un prisionero.

Kel’thuzad empieza a reconsiderar su posición de servidumbre. Ha sido un error viajar hasta Rasganorte. Probablemente halle la muerte en su empresa. En las profundidades de Naxxramas, Kel’thuzad descubre que el Rey Lich se está preparando… para una guerra. Una guerra que él mismo va a iniciar. Y en el instante en que Anub’arak le muestra los poderes de la terrible plaga con que el Rey Lich planea azotar la tierra, utilizándola en un par de campesinos prisioneros, Kel’thuzad no puede contener su terror al observar a la mujer, convertida en necrófago, devorar a su compañero. Cobarde, como siempre ha sido, decide auto-teletransportarse fuera de aquella pesadilla y reaparece en un descampado nevado lejano a Corona de Hielo.

Su acción, sin embargo, no ha hecho más que enfadar al Rey Lich. Enormes y monstruosas sombras le hayan. No tiene manera de escapar, pues su mente aún mantiene el vínculo con la vasta conciencia del Oscuro Señor de los Muertos.

Ahora es llevado como un prisionero y no como el favorito que deseaba ser. Conducido por en medio de salones y túneles que él sabe no podrá recordar después, finalmente llegan a una enorme caverna, en el centro de la cual se levanta una gigantesca espiral que asciende hasta perderse en la oscuridad.

Glaciar Corona de HieloMientras asciende escoltado por sus guardianes la interminable escalinata, su cuerpo y su espíritu van flaqueando. Sin recibir misericordia ni compasión, prácticamente debe arrastrarse hasta la cima, donde exhausto, entrega el resto ante la monolítica y despiadada armadura negra enclaustrada en un Trono de Hielo.

Allí, Kel’thuzad, el Nigromante, entrega su alma y su vida al Rey Lich. No podrá escapar. Esta primera prueba le ha demostrado que el Oscuro Señor de los Muertos no guarda ninguna compasión ni con él ni con su raza. Su objetivo es acabar con la humanidad y tiene el poder para hacerlo.

Y se cierra el pacto. A cambio de los inmensos poderes, el conocimiento y la inmortalidad, Kel’thuzad jura obediencia eterna al Rey Lich. Le servirá vivo o muerto. Si le desafía, acabará como uno de sus sirvientes zombis descerebrados. Y mientras los cimientos de Naxxramas se conmueven por los cánticos ininteligibles de los acólitos, elevando la Necrópolis por los aires, el Oscuro Señor de los Muertos le entrega la misión a Kel’thuzad, el Portador de la Desgracia… el Rey Lich quiere un pueblo… un pueblo que le alabe como un dios… y Kel’thuzad, como su embajador ante los vivos, por medio de la ilusión, el engaño, la enfermedad y la fuerza de las armas, va a dárselo…

El Culto de los Malditos

Kel’Thuzad regresó a Lordaeron disfrazado, y durante tres años, usó sus recursos e inteligencia para reunir a hombres y mujeres de su mismo perfil en una hermandad secreta, que se denominó el Culto de los Malditos. Al igual que lo que le prometió Ner’zhul a Kel’Thuzad, los acólitos de la sociedad serían recompensados con la vida eterna como pago por sus servicios y obediencia. A medida que pasaban los meses, Kel’Thuzad iba encontrando nuevos voluntarios ansiosos por pertenecer al culto entre los explotados granjeros de Lordaeron. Para su sorpresa, la misión de pervertir la fe en la Luz Sagrada de los habitantes de Lordaeron y sustituirla por el culto a Ner’zhul estaba siendo muy sencilla. Cuando el Culto de los Malditos creció y se expandió en tamaño e influencia, Kel’Thuzad se preparó para el siguiente paso de su misión, esta vez bajo un gran secretismo hacia las autoridades de Lordaeron.

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Dado el éxito de Kel’Thuzad en Lordaeron, el Rey Lich ultimó los preparativos para el asalto contra los humanos. Tras desarrollar un veneno conocido como la plaga, colocó grandes partidas en calderos que fueron transportados por Kel’Thuzad hasta Lordaeron donde fueron escondidos en las granjas pertenecientes a miembros del Culto de los Malditos. Los calderos servirían de generadores del veneno enviando la plaga a través de las ciudades del norte de Lordaeron sin levantar sospechas.

El plan salió a la perfección. La mayoría de granjeros fueron contaminados de inmediato y, como sucedió en la fase de pruebas preliminar del veneno en Rasganorte, aquellos que tenían contacto con el veneno morían para levantarse más tarde como zombies esclavos a la voluntad del Rey Lich. Muchos miembros del culto eligieron contaminarse para obtener así la promesa de la inmortalidad a través de la no-muerte. A medida que la plaga se extendía, la zona norte del reino se iba llenando de zombies. Kel’Thuzad, tras ver la rapidez con la que crecía este ejército, lo llamó La Plaga. El siguiente paso era avanzar hacia el corazón de Lordaeron y borrar la humanidad de la faz de la tierra.

Guerra contra Lordaeron

Siguiendo con las instrucciones del Rey Lich, Kel’Thuzad estuvo al mando de la infección del pueblo de Rémol donde fue descubierto por Lady Jaina y el Príncipe Arthas Menethil. Tras huir rápidamente, se refugió en Andorhal, donde le contó a Arthas que el responsable de lo ocurrido era Mal’ganis que se encontraba en Stratholme. Arthas, enfurecido mató Kel’Thuzad después de que este confesara que la muerte no significaba nada ya que, para él, el camino no acababa ahí.

Tras el viaje de Arthas a Rasganorte, donde acabó con Mal’ganis y se hizo con la Agonía de Escarcha, regresó a Lordaeron donde traicionó a su reino y se convirtió en siervo del Rey Lich. Kel’Thuzad se le empezó a aparecer en forma de fantasma. Tras derrotar a Gavinrad el Terrible y recuperar los restos del nigromante, este advirtió al joven príncipe que no debía confiar en los Señores del Terror, ya que estos eran los carceleros del Rey Lich y prometió explicarle todos los entresijos de los planes del su maestro una vez que recuperara su forma corpórea en la Fuente del Sol de Quel’Thalas.

Kel’Thuzad observó la procesión de Arthas hacia la Fuente del Sol en Lunargenta y su estratagema para derrotar a los elfos liderados por Sylvanas. Finalmente el asedio a Lunargenta se saldó con la destrucción de la ciudad y con La Plaga avanzando hasta la Fuente donde Arthas depositó los restos de Kel’thuzad. Kel’Thuzad renació bajo la terrorífica forma de un Lich.

Mientras viajaban hacia Alterac, Kel’Thuzad explicó a Arthas que La Plaga era solo el preludio de lo que llegaría después, una horda de demonios conocida como la Legión Ardiente que destruiría el mundo. A donde se dirigían era precisamente a invocar a su general, un eredar llamado Archimonde. Tras derrotar a los orcos que custodiaban el portal, Kel’Thuzad se comunicó con el demonio que le encomendó la tarea de ir a Dalaran y robar el libro de hechizos de Medivh.

Mientras Arthas lideraba el ataque a Dalaran donde mató al antiguo maestro de Kel’Thuzad – el archimago Antonidas-, el nigromante usó el libro para el ritual de invocación que traería a Archimonde a Azeroth. El proceso requería cierto tiempo, de manera que mientras Kel’Thuzad llevaba a cabo los preparativos, Arthas defendía su posición de los ataques del Kirin Tor. Cuando se completó, Archimonde apareció tras el portal, libre para dar órdenes a cualquiera ya que representaba la máxima autoridad de la Legión Ardiente en ese plano de existencia. Su primera decisión fue nombrar a Tichondrius líder de La Plaga, dejándo a Arthas y Kel’Thuzad en un segundo plano. Sabiendo que los planes del Rey Lich aún no habían llegado a su fin, Kel’Thuzad desapareció en mitad del caos formado por la destrucción de Dalaran.

kel-thuzad_00399093Después de la Guerra

Kel’Thuzad reapareció cuando la Legión, a través de los señores del terror, se establecieron en las Tierras de la Peste, donde permaneció como lugarteniente del Rey Lich en la vieja capital. Arthas había ido a Kalimdor para encontrarse con Illidan, dejando solos a Kel’Thuzad y Sylvanas en Lordaeron. Ambos supieron mucho antes que los señores del terror, que la Legión había sido derrotada tras la batalla del Monte Hyjal.

Arthas regresó y expulsó a los señores del terror de la Ciudad Capital para alivio de Kel’Thuzad. Sin los generales de la legión, fueron a los poblados humanos a por los aldeanos que estaban huyendo hacia las montañas. Kel’Thuzad pensó que serían un buen sacrificio para el Ner’zhul pero en cuanto atacaron, Arthas empezó a sufrir ataques. Tras sacrificar a los humanos, Arthas recibió un mensaje de Ner’zhul que le ordenó marchar rápidamente hacia Rasganorte. Kel’Thuzad preparó inmediatamente la partida pero mientras, los señores del terror los emboscaron y se separaron. Mientras los demonios se centraban en el ejército de Arthas, Kel’Thuzad se deslizó fuera de la ciudad sigilosamente.

Kel’Thuzad ayudó más tarde a Arthas cuando Sylvanas y sus almas en pena lo asaltaron. El Lich se encargó de ellas con lo que Sylvanas se vio obligada a huir. Kel’Thuzad escoltó a Arthas hasta la playa donde estaban anclada la flota de barcos para su marcha. Arthas le pidió como su más leal sirviente que permaneciera en Lordaeron para asegurarse de que el legado del Rey Lich no se perdía en una guerra civil. Kel’Thuzad juró que llevaría a cabo la misión a cualquier precio.

Tras la partida de Arthas, se desencadenó una guerra entre Sylvanas y los señores del terror. Kel’Thuzad aprovechó el momento para ocultar su ejército y recargar sus poderes en las tierras de la peste donde erigió la necrópolis voladora de Naxxramas.

World of Warcraft

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Kel’Thuzad es el último enfrentamiento en Naxxramas, implementado tras el Parche 1.11.0, y el “jefe final” del WoW clásico. Aunque es derrotado en última instancia por los jugadores, no llega a morir. Como todo Lich, puede volver a revivir usando su filacteria, una parte de su antigua existencia donde estaba contenida su alma. Si la filacteria hubiera sido destruida junto a él, Kel’Thuzad habría sido derrotado para siempre, pero ciertos acontecimientos no salieron como deberían.

La misión “La caída de Kel’Thuzad” describe cómo los jugadores, cuyo deseo es destruir la filacteria, son manipulados por alguna fuerza mental y se la entregan al Padre Iñigo Montoya en la Capilla de la Esperanza de la Luz. Algo inusual sucede de camino y el Alba Argenta informa que la filacteria nunca llegó a sus manos perdiéndose por causas desconocidas.

Wrath of the Lich King

Por medio de Eligor Dawnbringer los jugadores se enteran que “Kel’Thuzad fue derrotado por miembros del Alba Argenta en Naxxramas. Sin embargo su filacteria fue entregada a un falso agente de nuestra hermandad. Tenemos que descubrir quien robó la filacteria y el porqué“.

En la misión “Las Llanuras de Nasam”, los jugadores de la Horda son enviados a las Llanuras de Nasam en una máquina de asedio para contener las fuerzas de La Plaga que están sitiando la zona. Su tarea es rescatar a las tropas heridas de Warsong Hold e identificar al líder al mando del ataque que no es otro que Kel’Thuzad, que permanece sobre un estrado rodeado de nerubian, no-muertos y zigurats volantes que extienden la plaga por la zona.

Kel'thuzad

Una vez que se tiene constancia de su regreso, los jugadores se encuentran que Naxxramas ha aparecido sobre los Campos de Carroña en Cementerio de Dragones asediando la Fortaleza de Hibergarde. Kel’Thuzad vuelve a estar al cargo de la necrópolis donde ha regresado como jefe final con más poder que antaño. Finalmente, se descubre la razón de su regreso: el traidor que no destruyó el alma de Kel’Thuzad fue el Padre Iñigo Montoya. En lugar de eso, entregó el artefacto a La Plaga permitiendo que Kel’Thuzad pudiera recuperar su forma corpórea nuevamente. El sacerdote fue recompensado por el Rey Lich siendo convertido en un lich llamado Thel’zan, el portador del Ocaso – localizado en el Wintergarde Mausoleum debajo de Hibergarde.

De una manera muy similar a como fue originalmente derrotado, los campeones de Azeroth, volvieron a la ciudadela maldita de Naxxramas y acabaron con el mayordomo del Rey Exánime. Sin embargo, el destino de la filacteria de Kel’Thuzad sigue siendo un misterio…


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