El Athenaeum: La Dama Oscura (Parte I)

Buenas chicos y chicas! Al parecer ahora escribiré los artículos mensualmente… ¡Nah! ¡Mentira! He estado con varios problemas personales que me han impedido entregarles semanalmente los artículos correspondientes a esta sección, pero por suerte ya tengo todo (o casi todo) solucionado y puedo concentrarme y tener mi mente en claro para escribir! 🙂

Hoy, en esta primera parte, les hablare sobre una personaje muy conocida en World of Warcraft. Ella es odiada, amada, malvada, y la podría describir de muchas formas pero, ¿No es mejor conocer su historia antes de describirla? ¡Conozcan la historia de Sylvanas Brisaveloz!

Sylvanas Brisaveloz: La Dama Oscura

Sylvanas Brisaveloz, titulada a veces también como “la Dama Oscura” o como “la Reina alma en pena”, es la líder suprema de los Renegados, una de las facciones más poderosas de no-muertos en Azeroth. En vida, Sylvanas fue la General Forestal de Lunargenta, cuyo liderazgo y proezas marciales fueron sin igual. Durante la Tercera Guerra, defendió con valentía Quel’Thalas de una invasión de la Plaga dirigida por el caballero de la muerte Arthas Menethil. Al final, sin embargo, Sylvanas cayó en batalla. En lugar de honrar a la General Forestal con una muerte rápida, Arthas arrancó su alma y la transformó en una alma en pena: una agente astuta y vengadora del Rey Exánime, apoderada por el odio.

Sylvanas Brisaveloz

Sylvanas, en vida, fue miembro de una de las familias más importantes dentro de la sociedad de los elfos nobles de Lunargenta. Tiene al menos cuatro hermanos, entre los que se encuentras Lirath, Alleria y Vereesa. Su hogar era la Aguja Brisaveloz, en los tranquilos bosques de Quel’thalas. Sylvanas decidió unirse al cuerpo militar de los forestales, y con el paso de los años ascendió en sus filas hasta el rango de General Forestal de Lunargenta, líder absoluto de todas las fuerzas élficas.

La Segunda Guerra

Durante la Segunda Guerra, los elfos nobles ofrecieron tan sólo una ayuda simbólica a la Alianza. Entre dicha ayuda se incluyó el envío de un comando a las órdenes de la hermana mayor de Sylvanas, Alleria. Días después de su partida se descubrió unos misteriosos focos de incendio en los bosques de Quel’Thalas. Sylvanas, tomando el mando de los restantes forestales que quedaban, y partió para investigar la causa de dichos fuegos. Lo que descubrió, sin embargo, era que una banda de trol del bosque merodeaba más cerca de lo habitual. Los alcanzó a las pocas horas, justo cuando estos le tendían una emboscada a las fuerzas de Alleria. Sylvanas no perdió el tiempo con preguntas, ordenó a sus exploradores que se unieran a la refriega y así se alcanzó una pronta victoria por parte de los elfos.

Tras el combate, Alleria le hizo saber a su hermana el motivo de su pronto regreso: una banda de orcos, ayudados por algunos dragones, estaban arrasando los bosques al sur de la nación elfica. Los humanos habían mandado a Alleria en busca de ayuda a Lunargenta, que tan sólo se encontraba a un par de días del campo de batalla. Sylvanas dio la orden de marchar contra los orcos, y así fue como las tropas de la Horda se vieron atrapadas entre dos frentes, por un lado el ejército de Quel’Thalas, dirigido por Sylvanas y Alleria, y por el otro lado el humano, a las órdenes del paladín Turalyon.

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La batalla que siguió fue durísima, y duró varios días, pero finalmente los orcos fueron derrotados y tuvieron que retirarse con numerosas bajas. Alleria y Turalyon los persiguieron, mientras Sylvanas rastreaba los bosques de Quel’Thalas en busca de supervivientes enemigos. Meses después la Horda fue expulsada de Azeroth, el Portal Oscuro fue destruido, y la Segunda Guerra llegó a su fin.

Mientras que Quel’Thalas era todavía una parte (aunque, incómoda) de la Alianza de Lordaeron, Sylvanas admitió el gran talento forestal humano de Nathanos Marris en las filas de los Errantes. Esta decisión sorprendió a muchos de sus compatriotas, como Halduron Alasol, Lor’themar Theron y Renthar Lanzalcón. Algunos de los compañeros de Sylvanas se dieron cuenta del gran orgullo que sentía hacia su discípulo humano, y se opusieron a la idea de permitir que un humano entrenase con los forestales elfos.

Incluso el príncipe Kael’thas Caminante del Sol tuvo objeciones sobre esto, y envió una carta a Quel’Thalas exigiendo a Sylvanas echar a Nathanos del cuerpo de forestales. A pesar de esto, Sylvanas persistió, y su respuesta fue simplemente que Nathanos sería un aliado leal. Y estuvo en lo cierto, el talento de Nathanos le permitió convertirse en el primer y último de los señores forestales humanos, y fue responsable de las victorias que abarcaron una década de conflicto.

La invasión de la Plaga

Poco después de la Segunda Guerra, los elfos nobles decidieron romper sus lazos con la Alianza. De este modo, fueron Sylvanas y sus forestales los encargados de proteger Lunargenta de cualquier amenaza. A pesar de la existencia de criaturas peligrosas en las proximidades de la nación élfica, como los trols de los bosques, los múrlocs o los gnolls, Quel’Thalas se mantuvo en una relativa paz. Con los años, los bosques recobraron su otrora belleza; a pesar de lo cual Sylvanas mantuvo siempre atentos y dispuestos a sus exploradores, sabedora de lo pasajera que esa calma podría ser.

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Desgraciadamente estos temores pronto se hicieorn realidad, cuando Arthas Menethil, el traidor de Lordaeron convertido ya en un caballero de la muerte, apareció de improviso en las mismas fronteras de Quel’Thalas al mando de un ejército de no-muertos. Kelmarin, uno de los exploradores de Sylvanas, rápidamente le informó de que el azote de no-muertos se acercaba a la primera puerta élfica. Sylvanas organizó a sus Errantes, y se fue a observar con sus propios ojos al saqueador de Lordaeron.

Se encontró cara a cara con Arthas y le sugirió que diese la vuelta. Sin embargo, Arthas replicó que la mismísima muerte había llegado a Quel Thalas y comenzaron su asalto a la primera puerta élfica. A pesar del empeño de los Errantes, Arthas pudo bloquear sus ataques con éxito gracias a sus aliados nigromántes y a los descomunales nerubianos que actuaron como máquinas de asedio. Sylvanas y sus forestales sobrevivientes huyeron hacia la segunda puerta y Sylvanas se dio cuenta de que ella sola no podría ganar esa batalla. Sin embargo, mantuvo la esperanza en los magistri de la Fuente del Sol, si supiesen lo que se acercaba, podrían inclinar la balanza a su favor. Otro forestal la informó que Quel’Thalas había sido traicionada, y observó como la Plaga forjaba un camino de destrucción oscuro e impío sobre la tierra

Arthas continuó sin descanso hacia la segunda puerta, matando a todos los elfos que se interpusieran en su camino. Sólo podía alcanzar su objetivo, la segunda puerta élfica, tras usar la Llave de las Tres Lunas. Sylvanas destruyó el puente que llevaba a la segunda puerta en un intento por detener el avance de los no-muertos, aunque resultó ser en vano, ya que Arthas ordenó a sus secuaces crear un enorme puente con cadáveres para complementar el paso.

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Sylvanas se retiró a la Aldea Brisa Pura y evacuó a sus ciudadanos. Con pocos de sus forestales más incondicionales quedándose a su lado, Sylvanas decidió tomar una posición final antes de que Arthas se abriese camino hacia Lunargenta. Cada mensajero que enviaba a Lunargenta era asesinado, y Sylvanas coordinó un ataque aéreo de dracohalcones para hacer frente a los invasores. Sin embargo, esto también resultó inútil. Sabiendo que su muerte se acercaba, Sylvanas sólo pudo pensar en su hermana, Alleria, y miró el collar que le regaló. Pensó que probablemente se podrían volver a unir pronto.

Arthas estaba frustrado por la resistencia que había mostrado Sylvanas. Los dos lucharon en una batalla final, pero la General Forestal no pudo igualar la potencia de la Agonía de Escarcha, que destrozó sus armas y atravesó su abdomen.

Según Arthas, fue Sylvanas quien llevó la condenación a los elfos nobles, ya que su objetivo principal era solamente la Fuente del Sol.

La Alma en Pena

El informe oficial de la batalla de Lunargenta narra como Sylvanas luchó y murió en defensa de su patria contra las hordas de los no-muertos. Deja claro que su cuerpo no recibió los honores adecuados debido a que se consumió en el incendio que asoló más de la mitad de la capital elfa. La historia de Rhonin era diferente: Sylvanas fue capturada, horriblemente mutilada, y finalmente asesinada por placer por Arthas. En esta versión de los hechos, su cuerpo fue llevado a un templo oscuro, donde Arthas corrompió su alma y la transformó en una alma en pena, un fantasma inquietante y triste, y la dejó vagar por las ruinas de Quel’Thalas.

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Sylvanas, ahora como una alma en pena, fue “bendecida” con una serie de habilidades no convencionales. Aunque con su voluntad límitada completamente, en un proceso que se asemeja al de un maestro de marionetas, Arthas le permitió conservar su conciencia para que pudiese ser testigo de la destrucción de su pueblo. Sylvanas fue llevada a Lunargenta como un trofeo, y aunque los elfos se asombraron, Sylvanas no les pudo ayudar aunque se sintió orgullosa al contemplar que continuaban su inútil lucha contra Arthas. Aunque Arthas había podido hacer un puente con los cadáveres para pasar el primer puente que Sylvanas destruyo, no pudo hacer lo mismo para alcanzar Quel’Danas y la Fuente del Sol. Entonces, Arthas sumergió la Agonía de Escarcha en el océano y creó un camino de hielo en su lugar.

Así comenzó su brutal asalto a la Fuente del Sol, y Sylvanas vio impotente cómo se involucraba en un combate con el gobernador elfo noble, el Gran rey Anasterian Caminante del Sol. Esperaba que el anciano rey pudiese acabar con él, aunque sabía que no era posible. Sus esperanzas aumentaron cuando Anasterian logró desmontar a Arthas por herir gravemente su corcel esquelético, Invencible, aunque sólo sirvió para enfurecer aún más Arthas y el Rey Anasterian cayó ante de la Agonía de Escarcha. Sylvanas fue testigo del renacimiento de Kel’Thuzad a través de la destrucción de la Fuente del Sol, y superada por el dolor, soltó un grito que casi ensordeció el ejército, pero sólo divertió a Arthas. Sin embargo, Sylvanas no pudo dejar de sentir eufória al ver que el traidor de Quel’Thalas – Dar’Khan Drathir – Asesinado.

Con eso, la poderosa nación élfica de Quel’Thalas sufrió su época más oscura. La antigua General Forestal acompañó a Arthas a una puerta demoniaca, donde Kel’Thuzad se comunicó con Archimonde. El demonio les instruyó atacar Dalaran y Sylvanas se burló de Arthas ya que pudo ver dentro de él un indicio de arrepentimiento – perteneciente a alguien del que tenía “buenos recuerdos” – Jaina Valiente. Arthas la silenció rápidamente, ejerciendo su dominio sobre su espíritu, aunque Sylvanas no pudo reprimir una sonrisa de satisfacción. También estuvo presente durante la caída de Dalaran, matando a sus magos.

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Regreso a Lordaeron

Sylvanas se convirtió en uno de los generales de Arthas que permaneció en Lordaeron junto a Kel’Thuzad bajo la supervisión de los señores del terror, quienes se había quedado en Lordaeron para protegerlo en nombre de la Legión. Cuando Archimonde fue derrotado en la Batalla del Monte Hyjal, Sylvanas se enteró rápidamente por medio de Kel’Thuzad. Sin embargo, los meses pasaron y los señores del terror seguían ignorando el destino de su maestro. Varimathras, Detheroc y Balnazzar recibieron la noticia de boca de Arthas cuando regreso de Kalimdor tras lo cual huyeron ante el riesgo que corrían al encontrarse rodeados de los ejércitos de muertos bajo sus órdenes.

Arthas ordenó acabar con todo resto de vida de Lordaeron como tributo a Ner’zhul. Kel’Thuzad informó de que los supervivientes humanos estaban huyendo por el paso de las montañas de manera que ambos, con la ayuda de Sylvanas, se dirigieron allí para evitarlo. A pesar de los esfuerzos del paladín Dagren el Asesino de Orcos, Sylvanas y sus almas en pena dieron muerte a los refugiados humanos que intentaban escapar y aniquilaron a los civiles que se encontraban junto a los paladines.

La forestal oscura

En este punto, el debilitado Ner’zhul comenzó a perder el control sobre la mente de Sylvanas y diversas almas en pena. Consciente de ello, Sylvanas decidió ocultar este hecho a Arthas y Kel’thuzad mientras continuaba a sus órdenes. Los señores del terror contactaron con ella intentando que se uniera a su causa en una reunión secreta. Sylvanas les contó que los poderes de Arthas estaban empezando a disminuir y les ofreció su ayuda pero solo a cambio de que se llevara a cabo según sus propios términos.

Los señores del terror planearon matar a Arthas en la capital de Lordaeron pero Sylvanas ideó un plan de contingencia en el caso que Arthas huyera. Mandó a un grupo de almas en pena para que escoltaran al príncipe hacia los bosques donde le esperaría. Arthas sobrevivió a la emboscada de los Nathrezim y las almas en pena siguieron el plan previsto escoltando a Arthas y matando a sus guardaespaldas.

Sylvanas Windrunner

Sylvanas había recuperado ya su antiguo cuerpo físico e insufló su corrupto espíritu en él de manera que se convirtió en un ente no-muerto corpóreo. Escondida entre las sombras, Sylvanas lanzó una flecha que había creado ella misma contra Arthas. El proyectil envenenado le alcanzó paralizándolo. Furioso por su traición, Arthas exigió una muerte rápida a lo que Sylvanas se negó recordándole el calvario que le hizo pasar a ella. Fue entonces cuando apareció Kel’Thuzad acabando con los apoyos de Sylvanas y haciéndola huir.

Tras descubrir que el vínculo que antaño tuviera con el mundo natural había desaparecido, se enfureció y comenzó a investigar un campo que ahora era mucho más cercano a ella: la nigromancia. Uniendo las técnicas de guerra élficas con los poderes oscuros, desarrolló un estilo de combate completamente nuevo. Sería el nacimiento de las forestales oscuras.

Reina de los Renegados

Arthas pudo llegar a Rasganorte para ayudar a Ner’zhul, mientras que Kel’Thuzad desapareció sin dejar rastro. Sylvanas y otros no-muertos se vieron libres del control de Ner’zhul, a pesar de que mantuvieran un aspecto externo tan abominable.

Mientras Sylvanas pensaba en lo que haría a continuación, fue interrumpida por Varimathras, el señor del terror la felicitó por haber expulsado al príncipe, y la invitó a formar parte de la nueva orden que sus hermanos estaban organizando. Sylvanas, sin embargo, se cuidó mucho de renunciar a la nueva libertad que había conseguido para los suyos, y se negó. Varimathras le advirtió que si no estaba con ellos estaba contra ellos, y la dejó sola. La forestal comprendió que su campamento sería atacado en breve, y que su ejercito de almas en pena no sería rival para las fuerzas de los grandes demonios. Necesitaba aliados, y pronto.

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Rastreando los alrededores, Sylvanas encontró un grupo de criaturas que serían perfectas para sus planes. Mandó a sus almas en pena a poseer a sus líderes: Mug’thol de los ogros, Blackthorn de los bandidos, Melegruños de los gnoll, Zul’rogg de los trol del bosque y el Rey Múrloc. Varimathras finalmente llegó al lugar, sólo para ver como sus fuerzas eran engullidas por semejante mezcla de adversarios. El señor demoníaco pidió a Sylvanas que le perdonara la vida a cambio de informarla sobre la posición de los campamentos de sus hermanos. A Sylvanas no le cabía duda de que no era de fiar, pero pensó que podría controlarle y que podría usarlo contra el ejército de Detheroc.

Detheroc había subyugado la voluntad de Garithos que ahora era su siervo, así como sus hombres, que los usaba como ejército personal. Sylvanas mandó a sus almas en pena que se hicieran con el control de un par de exploradores humanos, y se infiltraran así en su campamento. Por la noche, mientras los humanos descansaban, las infiltradas abrieron sigilosamente el portón del campamento a las tropas de Sylvanas, que irrumpieron asesinando a todo el que se encontraron. La alarma sonó, pero era demasiado tarde.

Desorganizadas, las fuerzas del demonio fueron destruidas rápidamente. Sylvanas retó a Detheroc a un combate singular, acabando rápidamente con él. Una vez eliminado el señor del terror, Garithos y sus soldados se vieron liberados del conjuro de control. La elfa comprendió que no era más que un estúpido arrogante, y le convenció para que le ayudara en su lucha por conquistar Lordaeron, a cambio de darle el control de la ciudad una vez acabada esta. Evidentemente, no pensaba cumplir dicha promesa.

La capital sufrió un ataque a tres bandas, con Garithos por el sur, Sylvanas por el este y Varimathras por el noroeste. Las fuerzas de Balnazzar intentaron por todos los medios parar a los asaltantes, pero fue en vano. Con Balnazzar atrapado, Sylvanas ordenó a su hermano, Varimathras, que acabara con él. Varimathras dudó, ya que un señor del terror tiene prohibido matar a otro, pero ante las amenazas de Sylvanas cedió, acabando con la vida de su hermano. Sylvanas también le ordeno acabar con la vida de Garithos… No dudó tanto cuando se le ordenó esto.

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Con todos sus enemigos eliminados, Sylvanas se proclamó como la líder de los Renegados. Nunca más seguirían a La Plaga o a la Legión, a partir de ahora eran libres de tomar su propio camino, y acabarían con todos los que se les interpusieran.

No se sabe ciertamente cuales fueron los planes que Sylvanas urdió en estos momentos. Algunos dicen que viajó a Rasganorte y otros que prefirió reforzar la posición del nuevo emplazamiento de los Renegados, una ciudad que los reuniría a todos y a los que Sylvanas gobernaría bajo su enigmática figura…


2 respuestas a “El Athenaeum: La Dama Oscura (Parte I)

  1. La campaña de los undead de Frozen throne es la razón que de hoy sea y siga siendo un renegado. ella es uno de los mejores lideres del juego. aunque puede parecer que su mente se a retorcido después de la caída de el Lich king siempre tendrá mi lealtad.
    Por la Horda, por la dama oscura

    Muy bueno articulo

    Me gusta

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