El Athenaeum: La Dama Oscura (Parte II)

Buenas chicos y chicas! La semana pasada estuve bastante ocupado. ¿Por que? Porque este mes es bastante complicado… Ya saben… Se termina el año, hay muchas cosas por hacer, están las fiestas… En fin, todo un lio. A pesar de todo esto, nada me impedirá traerles la dosis semanal de lore que aporta esta sección ^^

La semana pasada les conté la primera parte de la historia de Sylvanas Brisaveloz. En ella vivos como era su vida antes de convertirse en una no-muerta, como defendió Quel’thalas durante la Segunda, como intento defenderla en la Tercera Guerra para finalmente caer a manos de Arthas y convertirse en una marioneta de el. Vimos lo que hizo bajo el mando de Arthas, como lo traiciono, y como se las ingenio para forma a la facción actualmente conocida como los Renegados. Hoy continuaremos con la segunda parte de su historia. Disfrútenla!

Pd: Aprovecho y le mando un abrazo enorme a mi querida amiga Phany que hizo un lindo dibujo de Buscapaz y que es lo que usare como avatar de ahora en adelante 🙂

La Fuente del Sol

Sylvanas, ya coronada Reina de los Renegados, viajó a Quel’Thalas por motivos desconocidos. Alli, ella descubrió al traidor Dar’Khan, y se enfrento a él en las ruinas de Lunargenta. Ayudó a Kalecgos a evitar que el traidor se hiciera con el poder de la Fuente del Sol: a pesar de que parecía que no podía ganar, logró distraer a Dar’Khan el tiempo necesario para que Anveena reuniera suficiente energía como para vaporizarlo. Sylvanas estuvo de acuerdo en mantener en secreto la identidad de Anveena, evitando así que Arthas pudiera hacerse con la energía de la Fuente algún día.

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La alianza con la Horda

Los Renegados, habiendo forjado un imperio propio y con su número de miembros creciendo de día a día, sabían que el siguiente paso para realizar su venganza contra Arthas era asegurarse su lugar en el mundo. Aunque Sylvanas había dirigido la guerra civil en las Tierras de la Peste y conquistado con éxito las ruinas de Lordaeron, el tiempo que la pequeña facción de los Renegados se podría mantener no estaba claro.

Como tal, Sylvanas fue en busca de aliados. Envió numerosos embajadores a la Horda del Jefe de Guerra Thrall, aunque la admisión de los Renegados como miembros oficiales fue impugnada por varios miembros de la facción. Los tauren de Cima del Trueno resultaron ser el contacto más prometedor. Específicamente, el Archidruida Hamuul Tótem de Runa vio el potencial para la redención del pueblo de Sylvanas, aunque era plenamente consciente de la naturaleza siniestra de los Renegados. Por lo tanto, el tauren convenció al Jefe de Guerra, a pesar de sus dudas, para forjar una alianza de conveniencia entre los Renegados y la Horda. Esta alianza de conveniencia ha concedido la Horda un mejor equilibrio en los Reinos del Este, controlados principalmente por la mayoría de Alianza. A su vez, con la protección de la Horda, e incluso con la del Alba Argenta, los Renegados fueron capaces de mantener sus posesiones en Lordaeron.

El dominio de los Renegados

Después de haber forjado una alianza con la Horda, los Renegados quisieron expandir su creciente imperio de no-muertos. Al liberar la mente de los no-muertos bajo el dominio del Rey Exánime, Sylvanas llegó a presidir una impresionante facción. Durante este tiempo, Sylvanas también liberó a su antiguo discípulo, el señor forestal Nathanos Marris, de la frías garras de la Plaga. Nathanos fue nombrado campeón de la Reina alma en pena, y se instaló en la Hacienda de Marris para entrenar y dirigir a nuevos campeones de su reina.

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Sylvanas envió a los aventureros a entrenar junto a Nathanos, y más tarde a ayudar a eliminar la presencia de la Cruzada Escarlata que constantemente acosaba las tierras de los Renegados. Sylvanas aprobó la creación de los mortacechadores, que se habían convertido rápidamente en una de las más poderosas organizaciones de espionaje en Azeroth, y también supervisó la producción de una peste capaz de conseguir que la Plaga se arrodillase ante ella – la Sociedad Real de Boticarios llegó a alcanzar esta meta.

Los Sin’dorei

En la muerte, Sylvanas todavía se consideró una de las principales protectoras de Quel’Thalas y repetidamente ofreció ayuda en la forma de suministros y tropas a los elfos de sangre. Esto pudo ser debido en parte al hecho de que la Dama Oscura todavía se lamentaba por su fracaso al proteger a Quel’Thalas de la invasión de la Plaga durante la Tercera Guerra. Aunque los sin’dorei inicialmente negaron la mayoría de las ayudas de Sylvanas, temiendo que fuese algún truco, los elfos finalmente permitieron a Sylvanas estacionar a sus soldados en sus tierras, en la aldea de Tranquillien. Sylvanas jugó un papel importante al convencer a Thrall de aceptar a los elfos de sangre en la Horda.

Durante las batallas en las Tierras Fantasma, los aventureros elfos de sangre viajaron a la Aguja Brisaveloz – la antigua residencia de Sylvanas – y encontraron su collar, que fue un regalo de su hermana mayor, Alleria. Se le devolvió a la Dama Oscura, la cual se sorprendió al verlo. Sin embargo, rápidamente se recompuso y arremetió contra el aventurero – asegurándole que no significa nada para ella, y que Alleria era un recuerdo muerto desde hace mucho tiempo; arrojando el collar. Se despidió del aventurero, aunque en un extraño momento de emoción, convocó un coro de elfas almas en pena y comenzó a cantar una canción melancólica sobre su patria. Después se arrodilló para recoger el collar.

Sylvanas más tarde ayudaría a los caballeros de sangre Sin’dorei en nombre de Mehlar Hojalba en la creación de una poderosa piedra de la Plaga; su gran conocimiento acerca del funcionamiento de la plaga demostró ser una componente esencial en su creación.

Un consejo de guerra

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Finalmente había llegado el momento de enfrentarse a la Plaga. Sylvanas y su boticario jefe, Putress, se reunieron con el Jefe de Guerra Thrall, con el Alto señor supremo Colmillosauro y con Garrosh Grito Infernal para planear su próximo movimiento. Después de un duelo entre Garrosh y Thrall fuese interrumpido por un ataque de la Plaga, Sylvanas ayudó a defender a Orgrimmar. Tras la victoria de la Horda, Thrall declaró la guerra al Rey Exánime. Satisfecha, Sylvanas envió a Putress para ayudar a la Horda en Rasganorte – su vasto conocimiento de la peste seguramente sería una adición beneficiosa a su arsenal.

A la sombra del Sol

Con la Horda ahora centrada en una campaña a Rasganorte, Lady Sylvanas y un grupo de guardias reales viajaron a la Aguja Furia del Sol para conseguir el apoyo de los elfos de sangre en la guerra. Se reunió con su antiguo camarada, Lor’themar Theron, el Señor Regente de Quel’Thalas, junto con el Gran magister Rommath y el actual General Forestal de Lunargenta, Halduron Alasol. Sylvanas ordenó a Lor’themar enviar las fuerzas de elfos de sangre (los magistri, errantes y caballeros de sangre) a Rasganorte, aunque Lor’themar fue aprensivo, ya que apenas habían superado la guerra en Quel’Danas. Sylvanas indicó que los elfos de sangre eran una parte de la Horda gracias a ella, y que si no se movilizaban seguramente perderían su apoyo – y el apoyo de Renegados en sus tierras.

Convencido, Lor’themar cedió y se comprometió a enviar a un contingente de elfos de sangre a Entrañas. Sylvanas se preparaba para irse, cuando Rommath se indignó por este giro de los acontecimientos. Rechazó su ayuda, afirmando que esta situación era un simple chantaje. Sylvanas le informó de que todo lo que deseaba era la fuerza para derrotar a su mayor enemigo – y que por otra parte, sus ofertas eran sólo eso – ofertas. Lor’themar acabó con su conversación y se marchó silenciosamente.

Campaña en Rasganorte

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De estea manera, la Horda comenzó con su asalto a la región helada de Rasganorte. Mientras que el principal avance de la Horda, liderado por Garrosh Grito Infernal, atacaban desde la Tundra Boreal; los Renegados – bajo la bandera de La Mano de la Venganza – asaltaron la región del Fiordo Aquilonal con su considerable armada. Bajo el liderazgo directo de Sylvanas, la Mano de la Venganza trajo consigo todo el arsenal de los Renegados – incluyendo las penúltimas fases de su enigmática peste, que se perfeccionó durante su tiempo en Rasganorte.

Uno de los nuevos campamentos de Renegados en Rasganorte fue Nuevo Agamand, donde se instalaron la mayoría de los miembros de la Sociedad Real de Boticarios a fin de perfeccionar la peste para liberarla sobre al Rey Exánime. Lady Sylvanas había estado supervisando metódicamente y pacientemente la creación de este contagio desde hace varios años y parecía que por fin había llegado el momento para probarla en la Plaga.

Sin embargo, el Gran boticario Putress, quien Sylvanas había enviado a Rasganorte, emprendió este honor pronto- con el lanzamiento de la perfeccionada y voraz peste sobre los miembro de la Plaga, de la Alianza e incluso de la Horda durante la Batalla de Angrathar.

La Batalla por Entrañas

Cuando las fuerzas combinadas de la Horda y la Alianza empiezaron su asalto sobre Angrathar, se produjo un alzamiento en Entrañas. Varimathras y un ejército de sus hermanos demoníacos invadieron la ciudad, matando a todos los que no se sometieran a su mandato. Sylvanas, que casi muere durante el golpe, logró escapar junto a varios miembros leales a Orgrimmar.

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No dispuesta a permitir que los señores del terror permaneciesen en territorio de la Horda, Thrall y Sylvanas planearon un contraataque inmediato. En el medio de su planificación, Jaina Valiente llegó con noticias terribles: tras la muerte de Bolvar Fordragón, Varian Wrynn se estaba preparando para una posible guerra contra la Horda. Jaina había sido enviada para obtener una explicación para la traición en la Puerta de Cólera. Aunque Thrall y Sylvanas explicaron que la Horda no fue responsable, sino Putress, Jaina les advirtió que el rey Varian ordenaría un asalto a Entrañas para traer a Putress ante la justicia y liberar Lordaeron para la Alianza.

Sylvanas volvió al Entrañas liderando un ejército de la Horda, con la intención de retomar su ciudad junto a Thrall y Vol’jin quienes la acompañaron durante el asalto. Durante la refriega se escuchó un lamento de sus labios: que provenía de la Sala del Trono. Allí Sylvanas luchó y finalmente mató Varimathras, recuperando su trono. Mientras esto ocurría, el Rey Varian lanzó su ataque a las alcantarillas de Entrañas. Al descubrir varios experimentos de los Renegados con cautivos humanos, pensó en declarar la guerra a la Horda. Varian entró en el Barrio Real poco después de la derrota de Varimathras, etiquetándolos de monstruos y cargó contra el Jefe de la Guerra y la Dama Oscura. Sin embargo, rápidamente fue transportado fuera de la batalla por Jaina, que llevó a las fuerzas de la Alianza a Ventormenta.

Con la batalla finalizada, Sylvanas pudo reclamar su trono, y condenó a muerte a los rebeldes traidores. Sin embargo, todo esto fue estuvo acompañado de un coste político desconocido e imprevisible. Es por esto que Thrall dejó en Entrañas parte de la Guardia Kor’kron para evitar nuevas sublevaciones.

Las cámaras de reflexión

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Sylvanas lideró a la Horda en las Salas Heladas, dentro de la Ciudadela de la Corona de Hielo para enfrentarse al Rey Exánime y lograr vengarse de Arthas por destruir Quel’thalas y por convertirla en un alma en pena. Acompañada por las forestales oscuras Kalira y Loralen, ayudó a los héroes de la Horda en sus batallas por los pasillos malditos y se unió a varios campeones del Torneo Argenta. Tras la derrota de Ick y Krick, Krick suplicó misericordia e intentó satisfacerla con el conocimiento de que Agonía de Escarcha estaba dentro de las salas – sin vigilancia. Krick fue eliminado al final por el Señor de la Plaga Tyrannus, y Sylvanas se dirigió hacia a las Cámaras de Reflexión. Antes de entrar en las cámaras, tuvieron que luchar con Tyrannus. Justo después de su muerte, Sindragosa apareció y mató a casi todos los combatientes excepto a Sylvanas, a sus dos forestales y a los aventureros. Envió a Kalira para conseguir refuerzos y con Loralen y los aventureros entró en las Cámaras.

Tras llegar a sus aposentos privados en las Camaras de Reflexión donde permaneció muy cerca de Agonía de Escarcha, Sylvanas sintió el dolor de su muerte proveniente de la espada. En este momento, se le ocurrió tratar de contactar con los espíritus de la hojarruna con la esperanza de que pudieran ofrecerle alguna ayuda. En este punto, el espíritu de Uther el Iluminado apareció alertándola de que el Rey Exánime se dirigía hacia allí y que sería una imprudencia tratar de derrotarlo en este lugar. Uther reveló a Sylvanas que incluso aunque Arthas sea destruido, alguien debe reemplazarle como señor de la Plaga, de lo contrario el mundo viviría un holocausto provocado por el incontrolable ejército de no-muertos que se encargaría de arrasar con cualquier cosa que se pusiera en su camino. Para derrotarlo, deberían destruir primero el lugar donde el ente fue creado: el Trono Helado.

Justo en ese momento, el Rey Exánime llegó para reclamar su espada, consumiendo el alma de Uther. Mientras los aventureros que acompañan a Sylvanas luchaban contra Falric y Marmyn, la Dama Oscura y la forestal oscura Loralen hacían lo propio con el Rey Exánime que huyó hacia el interior del santuario. Tras derrotar a los caballeros de la muerte y sus aliados, el grupo encontró a Loralen muerta mientras, por el pasillo, se escuchaba el sonido de la batalla que se libraba en la cámara donde Sylvanas y Arthas luchaban en un singular combate.

Lady Sylvanas

Tras darse cuenta que el Rey Exánime era demasiado poderoso como para enfrentarse allí contra él, tal y como Uther le había advertido, Sylvanas y su escolta huyeron a través de los muros de hielo mientras olas de enemigos invocados por Arthas tratan de entorpecer su avance. Cuando llegaron al exterior, se encontraron en un camino sin salida por lo que todo parecía indicar que tendrían que enfrentarse al Señor Oscuro. Sin embargo se produjo la llegada del Martillo de Orgrim a tiempo para rescatarlos. Mientras huían de las Camaras de Reflexión, Sylvanas se dio cuenta que los poderes del Rey Exánime se habían incrementado notablemente y que para derrotarlo, se necesitaría todo un poderoso ejército, uno más numeroso que el que podría reunir toda la Horda.

La Caida del Rey Exanime

Eventualmente, Arthas cayó en combate a manos de Tirion Vadín y sus campeones, poniendo fin a su reinado de terror. Con la muerte del Rey Exánime, uno de los aventureros que portaba la legendaria Agonía de Sombras encuentra un Cofre sellado que contenía varios objetos, entre ellos un vial lleno de sangre. El aventurero se lo dio a Sylvanas que esperaba en el Martillo de la Luz:
“Así que, está hecho… No me atrevía a confiar en mis sentidos. El Rey Exánime me ha engañado demasiadas veces. Por fin, ha pagado por las atrocidades cometidas contra mi pueblo. Que Azeroth recuerde el terrible precio que pagamos por nuestra debilidad… Por nuestro orgullo…¿Y ahora qué héroe?… ¿qué hay de los liberados de sus garras que siguen encadenados a sus cuerpos mortales? Déjame….Tengo que reflexionar.”

La Pesadilla Esmeralda

Como todo Azeroth fue envuelto en los efectos de la Pesadilla Esmeralda, llegó también a Entrañas y a la Reina alma en pena. Sylvanas soñaba con ser una elfa noble una vez más. Sin embargo, sus temores se apoderaron de ella una vez más cuando el Rey Exánime reapareció y la torturaba mientras Varimathras la traicionaba una vez más en su sueño. Sharlindra y los otros habitantes de la ciudad no podían liberarla del hechizo.

Al Filo de la noche

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Después de la muerte de Arthas Menethil, Sylvanas se aventuró sola al Trono Helado. Irritada por no haber estado allí para verlo caer, Sylvanas se consoló al saber que el trabajo que había comenzado en los frondosos bosques de Quel’Thalas fue por fin completado: Arthas estaba muerto. Con su venganza saciada, Sylvanas sólo podía pensar en cuando Arthas le arrancó su alma y se dispuso a lanzarse desde la ciudadela hacia los picos de saronita, lo único capaz de destruirla completamente. Contemplando el final de su largo viaje, nueve val’kyr se acercaron concediéndola visiones de su pasado. Sylvanas las ignoró y se lanzó al vacío.

Sylvanas vio una visión del futuro de su pueblo. Sin su liderazgo, la mayor parte de los Renegados fueron sacrificados por Garrosh Grito Infernal en un fallido asalto a Gilneas. En el Baluarte, el boticario Lydon organiza un último y desesperado contraataque contra la invasión de las fuerzas de la Alianza. Como consecuencia, los Renegados se arrojaron furiosos a hogeras antes de enfrentarse a los embates que venían. Al finalizar la visión, Sylvanas se encontró flotando en un vacío oscuro donde sólo había desesperación, miedo, arrepentimiento y frío. También se topó con el fantasma de Arthas y se sorprendió al encontrar que era en ese momento un niño solitario y asustado.

Mirando al hombre que había infligido tal tormento, Sylvanas admitió que realmente sentía lástima por él a pesar de lo que le había hecho. Cuando se dio cuenta de que este reino de angustia debía ser su eternidad, las val’kyr aparecieron ante ella otra vez. Lideradas por Annhylde la Invocadora, ofrecieron a la Dama Oscura un pacto: en lugar de permitir a Sylvanas residir eternamente en este reino aterrador, Annhylde se ofreció a ocupar su lugar si en su lugar si se unía a las restantes val’kyr. Sylvanas aceptó el pacto y fue devuelta al reino de los vivos, rodeada por las ocho val’kyr restantes.

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Sylvanas regresó al Bosque de Argénteos, donde Garrosh dirigía el asalto a Gilneas y declaró que la invasión se llevaría a cabo a su manera; Garrosh aceptó de mala gana, y Sylvanas ordenó a su flota rodear la costa sur para acosar a los pueblos y dividir a los defensores de Gilneas. Reflexionando sobre lo que ella había sido, Sylvanas comprendió que su pueblo no era simplemente flechas en su carcaj, sino un recurso importante que no se iba a desperdiciar.

La Invasión de Gilneas

Sylvanas continuó los experimentos que inició Putress con la intención de utilizarlos, una vez probado su eficacia en Costasur, en la invasión de Gilneas con la intención de hacerse con su puerto, un estratégico lugar que ansiaba la Horda desde hacía tiempo. Las intenciones de Sylvanas iban no obstante más allá, ya que la información proporcionada por su aliado, Ralaar Fangfire, apuntaba a que la legendaria Guadaña de Elune se encontraba Gilneas.

Sin embargo, los Renegados no contaron con que los gilneanos controlaban la maldición huargen que se había extendido entre los ciudadanos, y unieron sus fuerzas tras una lucha interna para expulsar a los Renegados de la Ciudad de Gilneas. Acorralados, Sylvanas se enfrentó contra el Rey Genn Cringris, Darius Crowley, el príncipe Liam Cringris y las fuerzas de resistencia gilneanas. Sylvanas usó sus poderes oscuros para dejar sin sentido a sus enemigos cercanos, preparando una flecha envenenada para Genn Cringris que terminaría con su reino y le daría la victoria. Sin embargo la intervención de su hijo Liam, que se interpuso en la trayectoria del proyectil, evitó que esta llegara a su destino. Frustrada, y con la presencia del nuevo Jefe de Guerra en su nuca, Sylvanas ordenó que la ciudad fuese rociada por el añublo para garantizar la victoria. Los gilneanos se enteraron de ello y comenzaron a evacuar a sus ciudadanos. Tras la batalla y con Gilneas nuevamente en manos de los Renegados, Sylvanas se retiro.

Sylvanas Cataclysm

No obstante, los Renegados perdieron sus posesiones en Gilneas después de un ataque nocturno por la Séptima Legión. En una reunión con Garrosh, Sylvanas reveló a los nuevos aliados de los Renegados – las val’kyr, las vrykul que una vez sirvieron al Rey Exánime, y las utilizó para resucitar a los enemigos muertos como Renegados como una solución al problema de los no-muertos de no poderse reproducir. Después de un intercambio de insultos, el Gran señor de la guerra Cromush se quedó para “proteger” a la Dama Oscura y vigilar a los Renegados.

Sylvanas estuvo personalmente en el campo de batalla en el Bosque de Argénteos, liderando a su ejército contra el contraataque de la Alianza en Gilneas. Los Renegados estuvieron bajo fuego intenso del Frente de Liberación de Gilneas, respaldado por la manada Colmillo de Sangre y las tropas de la Séptima Legión. Mientras que las fuerzas de los Renegados comenzaron a avanzar con la ayuda de sus aliados, Sylvanas dispuso un plan para poner fin a la batalla que comenzó con la resurrección de Lord Godfrey.

Después de que Godfrey capturase a Lorna Crowley y la entragase a Sylvanas, se dirigió hacia la destrozada Muralla de Cringris y lanzó un ultimátum a Darius Crowley: o los huargen se rendían o su hija Lorna se convertiría en una renegada. Darius decidió rendirse y Sylvanas le permitió irse con su hija y sus hombres. Justo en ese instante Sylvanas fue asesinada por la espalda por un Godfrey que proclamó que Gilneas le pertenecerá solo a él, huyendo rápidamente al Castillo de Colmillo Oscuro. Cromush ordenó a las val’kyr Agatha, Arthura y Daschla que hicieran algo por Sylvanas. Tras unos momentos de duda, las tres val’kyr se sacrificaron para traer a la vida a su reina una vez más. Esto convenció a Sylvanas de manera definitiva que más allá de cualquier sombra de duda, las val’kyr representaban el futuro de los renegados.

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La Dama Oscura y su ejército comenzaron entonces la conquista de las Tierras Altas de Arathi con las incorporaciones del Príncipe Galen Aterratrols, ahora miembro de los Renegados, y de la Forestal Oscurar Alina. Sylvanas le confesó a esta última que la conquista completa de Lordaeron por los Renegados podía ser lo único que le pudiese proporcionar satisfacción y, tal vez, alivio.

Durante la Batalla por Andorhal, Sylvanas se disfrazó de Lindsay Negrosol y cuando la Alianza fue derrotada, se enfrentó a Koltira por pactar una tregua con Thassarian, lo que según ella es un signo de su debilidad. Sylvanas desató a las val’kyr para asegurar la victoria mientras que Koltira fue encadenado y llevado a través de un portal a Entrañas donde Sylvanas se encargó de purgar toda la compasión que sentía hacia Thassarian y transformarlo, más que en un sirviente de la Horda, en un sirviente de Sylvanas y los Renegados.

Lady Sylvanas después envía a Lady Cozwynn a las Tierras Altas Crepusculares, para servir como enlace de la Horda con la nueva cabecilla de los Faucedraco, la Señora de la guerra Zaela, con el fin de mejorar las deterioradas relaciones con los orcos.

En la actualidad, las semejanzas entre Sylvanas y el Rey Exánime como líderes ha provocado que la Cruzada Argenta y algunos miembros de la Espada de Ébano hayan aumentando su vigilancia sobre los renegados.

 Mareas de guerra

Sylvanas estuvo presente en la reunión de líderes de la Horda convocada por el Jefe de Guerra Garrosh Grito Infernal, en la que el Jefe de Guerra dejó claro sus planes para atacar y aplastar la nación de Theramore. Sylvanas se opuso a esta idea, preocupada que la Alianza pudiese dirigir su venganza hacia los Renegados y los sin’dorei si viesen comprometida su principal base en Kalimdor. Sylvanas repetidamente busca el apoyo de Lor’themar Theron, jugando con su simpatía, aunque éste la rechaza.

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Garrosh aseguró a Sylvanas que cualquier contraataque se abordaría, y la Dama Oscura dispuso al Capitán Frandis Farley para representarla durante el asedio a Theramore. Después de la guerra, Garrosh mata a Farley en la posada de Cerrotajo por para cuestionar sus acciones en la reunión con Baine y Vol’jin.

Asedio de Orgrimmar

Sylvanas formó parte del Asedio de Orgrimmar, participando junto a Lor’themar y Aethas, en el equipo de desembargo en la Bahía de Garrafilada que se enfrentó a Galakras.

Cuando Garrosh fue derrotado, Sylvanas formó parte de la comitiva que aceptó a Vol’jin como nuevo Jefe de Guerra, sin embargo, para la reina de los renegados, a pesar de haber llevado a cabo con éxito la difícil tarea de reunificar a la Horda, el trol tendrá que demostrar su valía para ganarse el apoyo del resto de ella…. Aunque no tiene ninguna intención de seguir las ordenes de un Trol ya que le parece patético…

Conclusion

¿Mantiene su corazón de guerrera? ¿Se ha vuelto fría? No, es la misma. Igual en la muerte que la en vida.

En sus primeros años de vida, Sylvanas fue una prodigiosa forestal, orgullosa, vanidosa y pragmática. Como General Forestal de Lunargenta, Sylvanas, como muchos de los Quel’dorei, mantuvo la creencia de que era un error enseñar magia a los humanos, a pesar de que también era de la opinión de que Quel’Thalas harían bien en coexistir con las otras razas del mundo, y practicar la tolerancia. Su relación ambigua con su discípulo, el humano Nathanos Marris, puede ser la causa de esta creencia (o haber sido el resultado de la misma). La muerte, sin embargo, daría a Sylvanas una perspectiva muy diferente de la vida.

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En la muerte, Sylvanas estuvo motivada, en gran parte, por la venganza, y más tarde, en buscar un camino para sobrevivir (y evitar así el infierno que la espera) a toda costa. Sylvanas es una administradora muy hábil y capaz, después de haber construido una nación de la nada a una de las más poderosas (y volátiles) facciones de Azeroth. A pesar de que ha forjado alianzas, ha mantenido consistentemente a sus aliados ignorantes de su verdaderos motivos, recurriendo a traiciones despiadadas o profesando la inocencia.

Sylvanas hace pocas distinciones entre un amigo y un enemigo, y si uno no está con los Renegados, está en contra de ellos. Hace uso de la oratoria y la propaganda para alcanzar sus objetivos, ya sea reuniendo a los no-muertos en una cruzada de retribución, o motivando a su pueblo para conquistar. Sylvanas es una gobernante fría y sin moral, poniendo a algunos de sus súbditos como meras herramientas, ya sean flechas para matar en su nombre o escudos para protegerse de sus enemigos. Incluso su propia patria no estuvo exento a esto, de hecho, Sylvanas estaba dispuesta a utilizar su patria como moneda de cambio para conseguir más mano de obra en su búsqueda de venganza. No obstante, siente un cierto respeto hacia sus propios soldados, conmemorandolos a través de su insignia o intentando rescatar a los supervivientes de una batalla.

Sylvanas es una líder militar implacable y creativa. Utiliza desde rehenes hasta armamentos químicos prohibido explícitamente. Las diferencias entre Sylvanas y el Rey Exánime se difuminan día a día…

Sylvanas y su implacable ejercito


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