El Athenaeum: El Rey Exanime (Parte I)

Buenas chicos y chicas! ¿Cómo han arrancado el año? Yo he tenido una semana bastante pesadita por los vestigios de las fiestas… Sin embargo me he reído un montón con amigos y la ando pasando muy bien gracias a ellos ^^… También ando planteándome mis metas para este nuevo año, y las planeo cumplir todas 😉

Ahora pongámonos serios… Esta semana les traigo la historia de una entidad malévola. Todos lo conocen ya que el es el Señor de los Muertos. Es Frio… Sin remordimientos… Y la espada rúnica que porta trae la perdición y la oscuridad a cualquier parte del mundo… Hoy, en esta primera parte, hablaremos de: El Rey Exánime

El Rey Exánime

El Rey Exánime es un ente creado por Kil’jaeden, a partir del chaman orco Ner’zhul. Inicialmente fue encerrado dentro del Trono Helado. Desde ahí creó la Plaga (El Veneno mortal) y, valga la redundancia, La Plaga (Su ejercito de no-muertos) que tenía la misión de preparar la llegada de la Legión Ardiente en la Tercera Guerra. Se fusionó con el príncipe Arthas, a quien absorbió tras ser liberado de su prisión helada. Tras la destrucción de Agonía de Escarcha y la muerte de Arthas, Bolvar Fordragón ocupó el puesto de jefe del ejército de no-muertos, quedando prisionero en el Trono Helado.

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 El Nacimiento del Rey Exánime

Ner’zhul y sus seguidores penetraron en El Vacío Abisal, el plano etéreo que conecta todos los mundos desperdigados a través de la Gran Oscuridad del Más Allá. Sin embargo cayeron en una emboscada de Kil’jaeden y sus demoníacos secuaces. Kil’jaeden, que había jurado vengarse de la rebeldía de Ner’zhul, torturó sin piedad al viejo chamán descuartizando lentamente su cuerpo. Kil’jaeden mantuvo el espíritu del chamán vivo e intacto para que Ner’zhul fuera dolorosamente consciente del desmembramiento de su cuerpo. Aunque Ner’zhul rogó al demonio que liberara su espíritu y le concediera la muerte, el demonio replicó en tono oscuro que el Pacto de Sangre que habían sellado tiempo atrás aún era vinculante y que volvería a servirse de su caprichoso títere una vez más.

El fracaso de los orcos en la conquista de Azeroth, tal y como esperaba la Legión, forzó a Kil’jaeden a crear un nuevo ejército para sembrar el caos en todos los reinos de la Alianza. No se permitiría a este nuevo ejército ser presa de las mismas luchas internas y rivalidades insignificantes que habían envenenado a la Horda. Tendría que ser obstinado, despiadado e inquebrantable en su misión. Esta vez Kil’jaeden no podía fallar.

Mientras mantenía el torturado e indefenso espíritu de Ner’zhul en éxtasis, Kil’jaeden le dio una última oportunidad: servir a la Legión o sufrir un tormento eterno. Una vez más, Ner’zhul pactó temerariamente con el demonio.

Es espíritu de Ner’zhul fue colocado en un bloque especial de hielo duro como el diamante recogido en los confines del Vacío Abisal. Encerrado en el casco helado, Ner’zhul notó que su conciencia se centuplicaba. Envuelto por los caóticos poderes del demonio, Ner’zhul se convirtió en un ser espectral de inconmensurable poder. En ese momento, el orco conocido como Ner’zhul desapareció para siempre… y nació el Rey Exánime.

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También los leales caballeros de la muerte de Ner’zhul y sus seguidores brujos fueron transformados por las caóticas energías del demonio. Los malvados lanzadores de conjuros fueron despedazados y reconstruidos como Exánimes esqueléticos. Los demonios se habían asegurado de que los seguidores de Ner’zhul lo sirvieran incondicionalmente incluso en la muerte.

Cuando llegó el momento adecuado, Kil’jaeden explicó pacientemente la misión para la que había creado al Rey Exánime: Ner’zhul tenía que extender una plaga de muerte y terror por todo Azeroth, una plaga que acabaría con la civilización humana para siempre. Todos aquellos que murieran a causa de la temida plaga se alzarían como muertos vivientes y sus espíritus estarían ligados a la férrea voluntad de Ner’zhul para siempre. Kil’jaeden prometió que si Ner’zhul cumplía su oscura misión y eliminaba a la humanidad del mundo, lo liberaría de su maldición y le procuraría un nuevo cuerpo sano en el que vivir.

Aunque Ner’zhul parecía dispuesto e incluso ansioso por interpretar su papel, Kil’jaeden dudaba de la lealtad de su títere. Al mantener al Rey Exánime sin cuerpo y atrapado en el arca de cristal, se aseguraba su buena conducta a corto plazo, pero el demonio sabía que tendría que vigilarlo constantemente. Con este fin, Kil’jaeden convocó a su elite de guardias demoníacos, los vampíricos Señores del Terror y les ordenó que vigilaran a Ner’zhul y se aseguraran de que cumplía su terrible tarea. Tichondrius, el más poderoso y astuto de los Señores del terror, aceptó el reto fascinado por el rigor de la plaga y por el desenfrenado potencial para el genocidio del Rey Exánime.

Creación de la Plaga

El Rey Exánime fue enviado dentro de su prisión de hielo a través de la Gran Oscuridad a Rasganorte. Allí se encargaría de crear un ejército de muertos vivientes al que se conocería primero como el Azote y más tarde como La Plaga, cuya misión sería sembrar el caos y la destrucción para allanar el camino de regreso de la Legión Ardiente, diez mil años después del primer intento. Este nuevo ejército no caería en las disputas internas que hicieron fracasar a los orcos en su invasión de Azeroth. Para vigilar sus acciones enviaron a los Señores del Terror, liderados por Tichondrius.

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Dentro del Trono Helado, el Rey Exánime experimentó con sus poderes psíquicos y esclavizó a diversas formas de vida que se encontraban cerca de su radio de influencia. Se producía entonces una transformación del sujeto que perdía toda consciencia y humanidad y se convertía en un sirviente. Gracias a sus poderes nigrománticos, no resultó muy difícil conquistar la mayoría de Rasganorte. A medida que iba añadiendo almas a su ejército, sus poderes crecieron de manera exponencial, algo que hizo saltar las alarmas a los Señores del Terror.

El único “problema” que encontró el Rey Exánime fue el conflicto que le produjo el reino arácnido de Azjol-Nerub, cuyos ancestros habitantes eran inmunes a su Plaga. Los 10 años siguientes se conocen como la Guerra de la Araña, un conflicto que acabó con la victoria de La Plaga ya que, aunque los Nerubianos eran inmunes, sus cuerpos podían ser reanimados por el Rey Exánime. Tanto le impresiono el poder de sus adversarios, que La Plaga adoptó la arquitectura de los Nerubianos para sus construcciones, símbolo de tributo para honrar la tenacidad de los Señores Araña.

Una vez que se conquistó la mayoría de Rasganorte, los Señores del Terror instaron a Ner’zhul para que continuara con el plan previsto y preparara un plan para conquistar el mundo y permitir la llegada de la Legión Ardiente. El Rey Exánime usó entonces su telepatía para manifestarse en Azeroth e invocar a cualquier alma oscura que quisiera escuchar su llamada. Uno de los que respondieron fue Kel’Thuzad, un prominente mago miembro del Kirin Tor del reino de Dalaran. Kel’Thuzad fue rápidamente atrapado bajo el hechizo de obediencia de Ner’zul y se convirtió en el creador de la secta del Culto de los Malditos formada por humanos vivos que ansiaban convertirse en sirvientes No-muertos para alcanzar la inmortalidad.

Kel’Thuzad y el Señor del Terror Mal’Ganis recibieron instrucciones para ir abriéndose camino por Lordaeron, mientras Ner’zhul, adelantándose a los planes de Kil’jaeden, estaba maquinando una manera de escapar de su prisión…

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Tras muchos meses de preparativos, Kel’Thuzad y el Culto de los Malditos consiguieron finalmente introducir un veneno creado por el Rey Exánime en Lordaeron. Esto provocó que Lord Uther y su orden de paladines fueran a investigar a las regiones infectadas con la esperanza de encontrar una manera de detener la infección. A pesar de sus esfuerzos, la plaga continuó extendiéndose por toda la zona norte del reino humano.

A medida que los ejércitos de muertos vivientes se hacían más numerosos y se agrupaban para atacar en conjunto objetivos cada vez más importantes, el único hijo del Rey Terenas, el Príncipe Arthas Menethil se vio obligado a liderar personalmente la defensa de su reino contra La Plaga. Como ya había planeado el Rey Exánime, Arthas derrotó a Kel’Thuzad pero, a pesar de eso, la victoria de los humanos no provocó que las filas de La Plaga menguaran sino todo lo contrario. Frustrado por la sensación de enfrentarse a un enemigo imparable, Arthas comenzó a tomar decisiones cada vez más extremas – ordenó matar a todos los habitantes de la ciudad de Stratholme que habían sido infectadas por la plaga para prevenir que Mal’Ganis los reclamara para su ejército. Tras la matanza, los compañeros de armas de Arthas le advertieron que estaba dando muestras de estar perdiendo su humanidad.

Los temores de Arthas pronto le llevaron a su perdición definitiva. Cuando creyó que las fuerzas de La Plaga se habían debilitado, fue a Rasganorte para intentar acabar con la amenaza de la plaga para siempre. Allí se encontró con su viejo amigo Muradin Barbabronce, hermano del Rey Magni, que lo condujo hacia un arma legendaria que esperaban que pudiera servir para luchar contra La Plaga, Agonía de Escarcha. El coste por conseguir la espada rúnica fue alto, Arthas cayó bajo el influjo del Rey Exánime cuando se hizo con el arma debido a una maldición que pesaba sobre ella y Muradin (o así lo creyó Arthas) murió a consecuencia del poder desatado tras sacar la espada de su pedestal.

El gran poder que encerraba la hoja runica, unido al potencial del Príncipe de Lordaeron hicieron que este se transformara en el primer gran Caballero de la Muerte. Fue entonces cuando Mal’Ganis apareció, creyendo que Arthas y él estaban en el mismo bando, para darle la bienvenida e informarle de su destino. Inesperadamente para él, Arthas completó su venganza por los sucesos acontecidos en Lordaeron acabando con el Señor del Terror (que más tarde se supo que había sobrevivido) completando su malévola transformación.

Con su alma lejos de su corazón y su cordura gravemente dañada, Arthas lideró La Plaga contra su propio reino — Lordaeron. Cuando llegó a Ciudad Capital, el Príncipe asesinó a su propio padre, el Rey Terenas, y aplastó Lordaeron bajo el yugo del Rey Exánime.

La Senda de los Malditos

Con Arthas como herramienta, Nerz’hul propagó la plaga por todo Lordaeron. La otrora poderosa orden de la Mano de Plata fue duramente derrotada y su líder, Uther, cayó ante el propio Arthas. Siguiendo las órdenes de Tichondrius, Arthas llevó La Plaga al norte, hacia el reino elfo de Quel’Thalas, para resucitar a Kel’Thuzad. Los elfos nobles nunca tuvieron posibilidad de ganar y su capital, Lunargenta, fue arrasada. Su milenaria Fuente del Sol fue usada para resucitar a Kel’Thuzad como un Exánime.

Los planes de la Legión Ardiente se estaban desarrollando según lo previsto. El siguiente paso era conseguir el libro de hechizos de Medivh que se encontraba en Dalaran y que contenía los encantamientos necesarios para que Kel’Thuzad invocara a Archimonde en Azeroth. Finalmente, tal cosa sucedió y, tras destruir la ciudad de los magos del Kirin Tor, Archimonde cedió el control de La Plaga en Lordaeron a Tichondrius y los Señores del Terror y se dirigió a Kalimdor con la intención de llegar al Pozo de la Eternidad. Las ansias de venganza del General de la Legión contra los Elfos de la noche, que ya habían derrotado a los demonios en la Guerra de los Ancestros, hizo que se olvidara de un pequeño detalle: dirigirse al Trono Helado y obtener el control de los miembros de La Plaga sustituyendo al Rey Exánime.

Durante la invasión de la Legión a Vallefresno, Illidan fue liberado de su prisión en los túmulos del Monte Hyjal, tras diez mil años de cautiverio. Sabiendo de su adicción a la magia, el Rey Exánime ordenó a Arthas dirigirse a Kalimdor. Allí le habló a Illidan sobre los poderes de la Calavera de Gul’dan, sabiendo que sería incapaz de resistirse a esa clase de poder. Illidan tomó la calavera y aprovechó su enorme energía para aumentar su poder desarrollando la forma de un demonio. Tal y como había planeado el Rey Exánime, este se dirigió a Frondavil donde acabó con Tichondrius.

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Sin la ayuda de Tichondrius y su ejército, Archimonde se dirigió a la cima del Monte Hyjal donde se encontró con algo inesperado: su aniquilación.

El Legado de los Malditos

De nuevo libre y repleto de poder, Illidan se dispuso a buscar su sitio en el nuevo orden que se había impuesto en el mundo. Sin embargo Kil’jaeden tenía otros planes y le hizo una oferta que no pudo rechazar. Enfadado tras la derrota de Archimonde en el Monte Hyjal, el demonio se había dado cuenta de la falta de control a la que estaba sometido su poderosa creación, el Rey Exánime, que a pesar de estar encerrado en el Trono Helado había sido capaz de urdir una estrategia para crear un ejército inmenso y controlarlo para sus propios intereses. Kil’jaeden ordenó a Illidan destruir a Ner’zhul y poner fin a La Plaga de una vez por todas; a cambio recibiría un poder equiparable al de los grandes señores de la Legión Ardiente.

Illidan aceptó e inmediatamente empezó a planear el asalto a Rasganorte con la intención de destruir el Trono de Hielo de hielo donde residía el espíritu del antiguo chamán orco. En su interior, sabía que necesitaba un poderoso artefacto para destruir su prisión helada de manera que, usando el conocimiento adquirido del legado de Gul’dan – la calavera que le había dado Arthas – se puso en busca de la Tumba de Sargeras para reclamar lo que quedaba del Titán Oscuro. A través de sus demoníacos poderes, atrajo a su lado a los Nagas de las oscuras profundidades de los océanos liderados por la bruja Lady Vashj. Tras unos primeros reconocimientos, los Nagas ayudaron a Illidan a llegar a las Islas Abruptas, donde se rumoreaba que se encontraba la susodicha tumba

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Con el Ojo de Sargeras en su poder, Illidan viajó a la antigua ciudad de magos de Dalaran. Fortalecido debido a las líneas mágicas que rodeaban la ciudad, usó el Ojo para conjurar un poderoso hechizo contra la ciudadela donde se encontraba el Rey Exánime. A pesar de la distancia, Illidan consiguió dañar gravemente sus defensas y provocar una grieta en el mismo techo del mundo. El Rey Exánime no tenía ninguna defensa contra ese hechizo y podía haber sido derrotado ese mismo día si no fuera porque en el último momento, el hermano de Illidan, Malfurion, hizo acto de presencia interrumpiendo la parte final del conjuro, ya que de haberse lanzado en su totalidad, podía haber causado un daño irreparable al mundo.

Guerra Civil en las Tierras de la Peste

Ahora que Ner’zhul había puesto sus cartas sobre la mesa, sabía que la cólera de Kil’jaeden y su ejército de demonios no iba a ser precisamente algo suave. Para empeorar la situación, sus poderes estaban empezando a desaparecer debido a la brecha abierta en su prisión de hielo provocada por el hechizo de Illidan. Como si de una herida abierta se tratara, la sangre – simbolizada por el poder del Rey Exánime – escapaba a borbotones por lo que Ner’zhul sabía que debía actuar con rapidez pues el tiempo jugaba en su contra. Las consecuencias de esta pérdida de poder se enfocaban principalmente en el control mental que ejercía sobre su ejército, en especial sobre los poderes que Arthas había recibido de Agonía de Escarcha, que se nutría del poder del Trono Helado.

Desde su prisión, Ner’zhul sospechó acertadamente que Kil’jaeden trataría de enviar a algún emisario para destruirlo. Desesperado, llamó a su siervo más fiel y poderoso: el príncipe Arthas.

En ese momento Arthas se encontraba en medio de una guerra civil a tres bandas que había estallado en Lordaeron a causa de la merma de los poderes del Rey Exánime. Por una parte, la mitad de su ejército, liderado por la Alma en Pena Sylvanas, había escapado del control mental de Ner’zhul, y por otra parte, un grupo aún fieles a la Legión Ardiente y comandado por los Señores del Terror: Varimathras, Detheroc y Balnazzar. Tras recibir la llamada de su amo, Arthas se vio obligado a dejar a La Plaga en manos de su lugarteniente, Kel’Thuzad, mientras la guerra iba avanzando a través de las Tierras de la Peste.

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Finalmente, Sylvanas y sus rebeldes (conocidos ahora como los Renegados) reclamaron las ruinas de la antigua Ciudad Capital de Lordaeron y construyeron allí su bastión, excavado bajo las entrañas de la ciudad. Su siguiente plan era derrotar a Kel’Thuzad y sus acólitos aprovechando la merma de poder que había provocado el debilitamiento del Rey Exánime.

Mientas tanto, Arthas había viajado a Rasganorte, debilitado, pero con la intención de salvar a su maestro. Allí se encontró con Illidan y su ejército de nagas y elfos de sangre que estaban esperándolo. Con la ayuda de sus aliados allí, los Nerubianos liderados por el caído Anub’arak, se enfrentó al ejército de Illidan y consiguió llegar a lo más alto del glacial donde se encontraba el Trono Helado…

Final de la Primera Parte

Con todo esto, terminamos la primera parte de la historia del Rey Exánime… espero que les haya gustado, tengan una linda semana, y nos vemos la próxima semana! 🙂


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